Un mundo compartido: menos de un tercio es “nuestro”
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 4 jul 2025
- 3 Min. de lectura
Mirar la Tierra desde el espacio revela su escala real: nuestros territorios nacionales cubren una fracción pequeña del planeta futuroverde.org. Menos del 30% de la superficie (de unos 510 millones km²) es tierra firme bajo bandera de un país futuroverde.org. El resto es agua (70% del total) y otros espacios compartidos. Para ubicarlo:
Territorios nacionales (continentes e islas): ~30% futuroverde.org.
Antártica: 2,7% del área terrestre (continente cubierto de hielo) y legalmente un «condominio» internacional microsiervos.com.
Océanos y mares: ~70% del planeta, divididos en un 43% de aguas internacionales sin dueño (espacios más allá de la jurisdicción nacional) y un 27% de aguas bajo influencia estatal (aguas territoriales y zonas económicas exclusivas) futuroverde.org.
Gobernanza global: soberanía en el mar y más allá
Estos números nos dicen que la mayoría de la Tierra no está bajo soberanía exclusiva de ningún país, lo que exige nuevos arreglos de gobernanza internacional. Hay tratados y acuerdos para esas zonas comunes. Por ejemplo, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1982) definió las «aguas territoriales» hasta 12 millas y las ZEE (hasta 200 millas) como extensiones parciales de soberanía futuroverde.org. Más allá de eso, el mar es libre para todos. De igual modo, el Tratado Antártico mantiene a la Antártica como territorio internacional dedicado a la ciencia y a la paz microsiervos.com. En la práctica, ningún océano ni los hielos polares obedecen a un solo Estado: la colaboración entre países establece quién pesca o cuida esos espacios. En suma, la imagen nos recuerda que más allá de fronteras elegimos cooperar para proteger lo que no pertenece a nadie en particular.
Pertenencia planetaria: ciudadanos de la Tierra
En un sentido poético, este mapa nos invita a repensar qué significa “pertenecer” a este mundo. La mayor parte del planeta —océanos, cielo y polos— es de todos, no de un puñado. Ver desde arriba este mosaico azul y verde despierta un sentimiento de ciudadanía planetaria: somos responsables de un hogar común. Las fronteras políticas se desvanecen ante la inmensidad del mar y la armonía del planeta visto de lejos. Sentirse parte de la Tierra implica cuidar los mares y los hielos como propios, sabiendo que nuestra historia está ligada al bienestar global. Vivimos en un lugar compartido, y esa realidad puede inspirar solidaridad más allá de banderas.
## Herencia sostenible: justicia intergeneracional y visión ecológicaSi el 70% de la Tierra es bien común, nuestra forma de actuar tiene impacto colectivo y futuro. Esto exige justicia entre generaciones: debemos legar un planeta saludable a quienes vienen detrás. Tal como advierte la UNESCO, la generación presente tiene la obligación de “legar a las generaciones futuras un planeta que en un futuro no esté irreversiblemente dañado” unesco.org. En palabras de Barbara Ward: “No hemos heredado la tierra de nuestros padres, la hemos tomado prestada de nuestros hijos” suforall.org. Esta frase resume el mensaje: cuidar océanos y bosques es un acto ético con la humanidad entera. Además, la Tierra misma es un “patrimonio común de la humanidad” que no podemos agotar unesco.org. En la práctica, significa impulsar una visión ecológica global – economía circular, energía limpia, conservación marina – porque cada decisión sobre el 70% compartido define el futuro de todos. El mapa nos recuerda que tenemos en nuestras manos (literales y políticas) la salud de un hogar que pertenece a todos y a las próximas generaciones futuroverde.orgsuforall.org.
Fuentes: Datos oficiales y análisis gráficos muestran la división terrestre y marina futuroverde.orgmicrosiervos.com. Reflexiones e inspiración están en declaraciones de la ONU y líderes ambientales unesco.orgsuforall.org. Estos principios subrayan la interdependencia global que revela la visualización.



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