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Gamificación y simulaciones: Potenciando la educación en sostenibilidad ambiental

La crisis climática actual exige nuevas estrategias educativas que inspiren conocimiento y acción en sostenibilidad ambiental. En particular, se ha explorado la eficacia de la gamificación y las simulaciones interactivas para involucrar emocionalmente a las personas y motivarlas a actuar frente al cambio climático nature.com. Estas experiencias inmersivas permiten a los participantes “aprender haciendo”: mediante juegos de rol y modelos dinámicos, los usuarios experimentan las consecuencias de diferentes políticas ambientales en tiempo real, fomentando un aprendizaje activo y una comprensión más profunda de sistemas complejos nature.com. Estudios recientes sugieren que este enfoque lúdico puede corregir conceptos erróneos, aumentar la urgencia percibida del problema y mejorar la disposición de la gente a involucrarse en soluciones climáticas nature.comnature.com. En este blog, con tono académico, examinamos cómo las simulaciones de juegos aplicadas a la educación ambiental impactan en el conocimiento, las actitudes e intenciones de los participantes, respaldándonos en hallazgos visuales de investigaciones recientes. También discutimos los beneficios de estas herramientas y las implicancias para educadores interesados en promover la sostenibilidad.

Beneficios de la gamificación para la educación ambiental

Implementar gamificación y simulaciones en educación ambiental ofrece múltiples beneficios. En primer lugar, incrementa la motivación y el compromiso de los participantes. Al convertir el aprendizaje en un juego o reto, se activan la curiosidad y la competitividad sana, manteniendo el interés en temas que a veces pueden parecer abstractos o abrumadores. Además, los juegos de simulación climática suelen involucrar dinámicas de rol participativo (por ejemplo, representar a líderes tomando decisiones sobre políticas ambientales), lo que fomenta la empatía y el pensamiento sistémico. Los participantes deben colaborar, negociar y reflexionar sobre las consecuencias de sus decisiones, promoviendo un aprendizaje activo y colaborativo.

Otro beneficio clave es la retroalimentación inmediata. En las simulaciones interactivas, las decisiones del jugador producen resultados visibles al instante (por ejemplo, cambios en temperatura proyectada, emisiones de CO₂, etc.), lo que ayuda a ilustrar relaciones causa-efecto complejas de forma concreta. Esta inmediatez refuerza el aprendizaje, pues los usuarios pueden experimentar distintas estrategias y ver cuáles son más efectivas para mitigar el cambio climático. Por último, estas experiencias lúdicas tienden a involucrar emocionalmente a las personas. Al ver que sus acciones virtuales pueden tener un impacto positivo, los participantes a menudo reportan mayor esperanza y autoeficacia para enfrentar el problema en el mundo real nature.com. En conjunto, la gamificación crea un entorno seguro para explorar soluciones, aprender de errores sin consecuencias reales, y construir la confianza en la propia capacidad de hacer una diferencia.

Análisis de resultados de simulaciones climáticas educativas

Los datos empíricos respaldan la efectividad de los juegos de simulación climática en mejorar el conocimiento y las actitudes de los participantes. Por ejemplo, tras participar en una simulación climática, los usuarios demostraron un aumento significativo en su conocimiento sobre políticas ambientales de alto impacto. Antes de la experiencia, solo un 36% de los participantes identificaba correctamente un impuesto al carbono como una medida climática altamente efectiva; después de jugar, esta proporción subió a 78% nature.com. A la inversa, algunas acciones comúnmente sobrevaloradas resultaron reevaluadas: el 35% pensaba antes que la reforestación masiva sería una solución climática crucial, pero tras la simulación solo un 12% mantuvo esa creencia nature.com. Estos resultados indican que el juego ayudó a distinguir entre soluciones de alto y bajo impacto, corrigiendo ideas erróneas y afinando el entendimiento de los participantes sobre cómo abordar el cambio climático de manera efectiva.


 Figura 1. Tamaños del efecto (pre vs. post-simulación) en diversos aprendizajes sobre acción climática: conocimiento, variables afectivas y propensión a actuar. Los valores positivos indican mejoras después de la simulación; a la derecha de cada barra se muestra su nivel de significación estadística (p-valor). Panel A: cambio dentro del grupo de tratamiento (participantes de la simulación). Panel B: comparación de cambios entre el grupo de tratamiento y un grupo control sin simulación nature.comnature.com.

Además de adquirir conocimientos, los participantes reportan mejoras en actitudes y emociones clave tras las experiencias lúdicas. Estudios midieron aumentos modestos pero significativos en la importancia personal que la gente asigna al problema climático, así como en su autoeficacia (sensación de poder contribuir a las soluciones) nature.com. Igualmente, los jugadores experimentaron un repunte en la esperanza frente al desafío ambiental nature.com, revirtiendo en parte la desesperanza que a veces acompaña al tema. Si bien el sentimiento de poder personal para hacer la diferencia mostró un cambio positivo más pequeño (no estadísticamente significativo en algunos casos), indicadores como la disposición a reducir la propia huella de carbono o hablar del tema con familiares y amigos aumentaron notablemente nature.com. De hecho, inmediatamente después de la simulación muchos manifestaron mayor intención de modificar hábitos personales (por ejemplo, consumir menos energía) y de iniciar conversaciones sobre cambio climático en sus círculos sociales nature.com. Esto sugiere que el juego no solo enseña datos, sino que inspira un compromiso activo, combinando conocimiento con motivación para actuar.

Otro hallazgo importante es la persistencia en el tiempo de algunos de estos beneficios. En un seguimiento aproximadamente seis meses después, se observó que los participantes retuvieron el conocimiento adquirido sobre soluciones efectivas y mantuvieron la elevada percepción de que el cambio climático es un asunto personalmente importante nature.com. En cambio, ciertas intenciones de acción mostraron algo de erosión con el paso del tiempo: por ejemplo, la intención declarada de emprender acciones políticas de bajo riesgo (como firmar peticiones o votar con el clima en mente) disminuyó ligeramente en el seguimiento, incluso cayendo por debajo de los niveles pre-simulación en promedio nature.com. Un aspecto alentador es que la intención de dialogar sobre el clima con sus pares sí perduró; este fue el único comportamiento cuyo aumento no se redujo significativamente tras seis meses nature.com. Esto indica que las conversaciones iniciadas gracias al juego pudieron continuar, funcionando potencialmente como un mecanismo de refuerzo social del aprendizaje. En la figura siguiente se comparan los efectos justo después de la simulación y medio año más tarde, evidenciando cuáles aprendizajes se sostienen en el tiempo y cuáles requieren quizás intervenciones de refuerzo:


 Figura 2. Efectos de la simulación en distintos resultados de aprendizaje, medidos inmediatamente después (barras naranja oscuro) y ~6 meses después (naranja claro) de la experiencia. Los asteriscos indican diferencias estadísticamente significativas entre cada par de mediciones (** p < 0.001; ** p < 0.01; p < 0.05). Se observa que el conocimiento de políticas efectivas y la importancia personal asignada al problema se mantienen elevados con el tiempo, mientras que algunas intenciones de acción disminuyen a niveles cercanos a los iniciales nature.com.

Desde la perspectiva de las percepciones de los participantes, los juegos de simulación climática también obtienen una valoración muy positiva. En encuestas posteriores a las sesiones, 94% de los usuarios calificaron el modelo de simulación como creíble y confiable, reflejando confianza en la herramienta nature.com. Además, un 75% coincidió en que la simulación aumentó su comprensión sobre cómo abordar el cambio climático nature.com. Es notable que aproximadamente 72% de los participantes sintió que la experiencia cambió la forma en que piensan sobre la acción climática nature.com. Este cambio de perspectiva implica que el juego logró desafiar supuestos previos y ofrecer nuevos marcos para entender la solución del problema. Por ejemplo, varios participantes mencionaron que antes subestimaban la efectividad de ciertas políticas (como precios al carbono) o sobrestimaban acciones simpáticas pero de poco impacto (como plantar árboles), y que la simulación cambió esas apreciaciones al ver los resultados cuantitativos de cada decisión nature.comnature.com.


 Figura 3. Porcentaje de participantes que respondieron afirmativamente a distintas preguntas evaluando la experiencia de simulación (barra naranja oscuro: inmediatamente después; barra naranja claro: ~6 meses después). Por ejemplo, casi la totalidad encontró creíble el modelo utilizado; tres cuartas partes reportaron mayor conciencia sobre cómo actuar frente al cambio climático; y una porción considerable modificó sus ideas acerca de qué acciones o políticas son efectivas luego de la simulación. Asimismo, 42% indicó que el juego los motivó a planear acciones que antes no contemplaban, y en el seguimiento un 29% afirmó haber tomado efectivamente alguna medida como resultado de la experiencia nature.comnature.com.

Críticamente, estas iniciativas gamificadas no se quedan solo en intenciones, sino que han impulsado acciones concretas en el mundo real en una fracción de los participantes. Inmediatamente tras la actividad, 4 de cada 10 personas (42%) dijeron haberse sentido motivadas por el juego a emprender acciones climáticas que antes no tenían planeadas nature.com. En la encuesta de seguimiento meses más tarde, cerca del 30% reportó haber realizado alguna acción específica que atribuían directamente a la influencia de la simulación nature.com. ¿Qué tipo de acciones fueron estas? Principalmente, aquellas alineadas con las soluciones de alto impacto presentadas en el juego. La reducción del consumo de energía emergió como la acción más frecuente: aproximadamente 26% de los participantes se propuso ahorrar energía tras jugar, y un 36% efectivamente lo había logrado al ser encuestado tiempo después nature.com. Del mismo modo, algunos adoptaron cambios en la dieta para reducir emisiones de metano u otros gases (p. ej., dieta basada en plantas), con un 10.5% planeando disminuir su consumo de carne y lácteos, aunque solo 5% logró consolidar este cambio pasado medio año nature.com. Muchos participantes también optaron por promover acciones en su comunidad: el 21% indicó intención de hablar del tema y persuadir a familiares o amigos a actuar (por ejemplo, compartiendo consejos o información), y un 12% reportó haberlo hecho realmente más adelante nature.com. De forma similar, un 15% planeó involucrarse en apoyo a políticas públicas climáticas (contactar representantes, apoyar iniciativas locales, etc.), algo que alrededor del 12% concretó meses después nature.com.

Cabe destacar que incluso la difusión de la propia simulación fue mencionada como acción: algunos participantes se sintieron tan impactados por la experiencia que decidieron compartir el juego con otras personas para que ellas también aprendieran. Según un análisis cualitativo, alrededor del 8% tenía la intención de recomendar o facilitar la simulación a terceros, y cerca de un 3-5% lo hizo efectivamente en los meses posteriores (categoría "Share simulation" en la Figura 4).

Otros enfoques de acción reportados incluyeron proteger bosques o ecosistemas locales, mejorar hábitos de reciclaje, buscar más educación ambiental (por ejemplo, cursos, documentales) e incluso orientarse a una carrera profesional ligada al cambio climático como resultado del interés despertado nature.comnature.com. La siguiente figura sintetiza las principales acciones climáticas que los participantes manifestaron planear (post-simulación) o llevar a cabo (en el seguimiento), clasificadas por tipo:

 Figura 4. Acciones pro-clima que los participantes atribuyen a la simulación, auto-reportadas ya sea como planeadas inmediatamente después del juego (barras naranja oscuro) o como realizadas en los meses posteriores (naranja claro). Las acciones se agrupan en categorías: High-impact actions (ej. reducir uso de energía, adoptar dieta basada en plantas), Low-impact actions (ej. reciclar, proteger bosques), Advocacy (incidencia o divulgación, como abogar por políticas climáticas, persuadir a conocidos o compartir la simulación con otros), y Personal development (acciones de crecimiento personal, como educarse más en el tema o reorientar la carrera profesional) nature.comnature.com.

En conjunto, estos resultados cuantitativos evidencian que las simulaciones gamificadas pueden catalizar cambios cognitivos, actitudinales y comportamentales relevantes para la sostenibilidad. Los participantes no solo aprenden información valiosa, sino que se sienten más capacitados y esperanzados, ajustan su visión de qué medidas son necesarias, y en muchos casos traducen el aprendizaje en pasos concretos hacia estilos de vida más sostenibles y en favor de la acción colectiva.

Implicancias para educadores

Para docentes, comunicadores y facilitadores en temas de sostenibilidad, las evidencias presentadas ofrecen varias lecciones prácticas. En primer lugar, incorporar juegos de simulación ambiental en programas educativos puede ser una estrategia altamente efectiva para incrementar el engagement de la audiencia. A diferencia de las clases tradicionales, estas dinámicas inmersivas logran que los participantes internalicen conceptos complejos de forma vivencial. Esto es especialmente valioso en educación ambiental, donde conectar el conocimiento con la acción concreta es un reto habitual. Los datos sugieren que, después de vivir una simulación, los individuos se sienten más confiados en su entendimiento del problema y motivados a actuar en consecuencia nature.comnature.com. Para los educadores, esto significa que una sesión de juego bien diseñada puede servir de disparador para proyectos de acción climática en la comunidad escolar o local, canalizando la energía y entusiasmo post-simulación hacia iniciativas reales (clubes ecológicos, campañas de ahorro energético, huertos urbanos, etc.).

Además, la investigación indica que estos beneficios se observan en diversos grupos de participantes, independientemente de su trasfondo demográfico o ideológico nature.comnature.com. Esto es crucial para educadores que trabajan con públicos heterogéneos o incluso escépticos del cambio climático. Las simulaciones ofrecen un espacio neutral enfocado en la experimentación y los datos, donde personas de diferentes posturas pueden converger en la búsqueda de soluciones comunes. De hecho, estudios previos con simulaciones similares encontraron que participantes de orientaciones políticas conservadoras lograron igualar o superar las ganancias en conocimiento y urgencia climática en comparación con participantes más progresistas nature.comnature.com. Para los docentes, esto refuerza la idea de que herramientas lúdico-educativas bien diseñadas pueden atravesar divisiones ideológicas y conectar con valores compartidos (por ejemplo, la innovación, el liderazgo, la seguridad comunitaria), facilitando un diálogo constructivo sobre sostenibilidad.

Otra implicancia es la importancia de dar seguimiento y reforzar ciertos aprendizajes tras la simulación. Vimos que algunas intenciones de acción tienden a decaer con el tiempo nature.com, por lo que los educadores harían bien en planificar actividades posteriores que sostengan el momentum generado. Esto podría incluir debates, proyectos colaborativos, recordatorios periódicos de los compromisos personales adquiridos, o incluso repetir la simulación pasado un tiempo para refrescar contenidos y motivaciones. Del mismo modo, es útil aprovechar el entusiasmo inmediato para vincular a los participantes con oportunidades reales de acción: por ejemplo, si varios expresaron querer reducir su huella de carbono o cambiar su dieta, un educador puede facilitar recursos (talleres de eficiencia energética, recetas de cocina sostenible, etc.) o articular desafíos grupales que consoliden esos hábitos. Igualmente, dado que muchos mostraron interés en difundir el aprendizaje (hablar con otros, compartir el juego), se puede invitar a los participantes a que actúen como multiplicadores – presentando lo aprendido a sus compañeros, familia o comunidad. Esto no solo refuerza su propio conocimiento (al enseñar a otros), sino que amplifica el impacto educativo de la simulación más allá del aula.

Por último, las simulaciones ofrecen a los educadores una valiosa herramienta de evaluación formativa. Al observar las decisiones que toman los jugadores durante el juego y discutir los resultados, el instructor puede identificar conceptos mal comprendidos o resistencias psicológicas, y abordar esas brechas en tiempo real. Del mismo modo, las reflexiones de cierre y encuestas post-sesión brindan retroalimentación sobre qué mensajes calaron hondo y cuáles pasaron desapercibidos. Todo esto permite refinar continuamente la estrategia educativa para lograr cambios significativos en conocimientos, actitudes y comportamientos pro-sostenibilidad.

Conclusión

En síntesis, la gamificación y las simulaciones de juego se revelan como aliados poderosos de la educación en sostenibilidad ambiental. Las evidencias muestran que una experiencia de simulación climática bien diseñada puede lograr en horas lo que a veces cursos enteros no logran: aumentar el conocimiento especializado, desafiar percepciones equivocadas, conmover emocionalmente a los participantes y, sobre todo, impulsar a la acción informada. Estas herramientas didácticas sumergen a las personas en escenarios interactivos donde pueden ver por sí mismas el impacto de distintas decisiones, generando aprendizajes duraderos. No se trata solo de adquirir teoría abstracta, sino de vivenciar las soluciones y descubrir nuestro propio potencial de cambio.

Para encarar desafíos globales como el cambio climático, necesitamos no solo ciencia y tecnología, sino también comunicación innovadora y pedagogía transformadora. Los juegos de simulación aportan ese componente de innovación lúdica, capturando la imaginación y traduciendo la preocupación en empoderamiento. Como hemos revisado, quienes participan en estas dinámicas salen no solo más informados, sino también más motivados — muchos cambian hábitos, conversan con su entorno sobre el tema y continúan involucrándose tiempo después. Esto sugiere que, integradas adecuadamente, la gamificación y las simulaciones pueden cerrar la brecha entre saber y hacer, sembrando semillas de cambio en cada jugador. En palabras simples, estos enfoques logran que el aprendizaje sobre sostenibilidad importe, perdure y se contagie. Por ello, educadores y líderes en comunicación ambiental harían bien en explorar y adoptar estas herramientas, aprovechando su potencial para formar una ciudadanía consciente, capaz y proactiva en la construcción de un futuro sostenible nature.comnature.com.

Fuentes: Resultados y figuras basados en datos de Communications Earth & Environment (2025) nature.comnature.com, entre otros estudios citados en el texto.

 
 
 

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