Quien contamina Paga
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 16 jun 2025
- 7 Min. de lectura
En el gran libro de cuentas del clima, la atmósfera no hace descuentos. Sin embargo, el mundo sigue subvalorando el carbono: en 2024, solo 1% de las emisiones globales tiene un precio lo suficientemente alto para cumplir la meta del Acuerdo de París worldbank.org. Dicho de otro modo, el 99% de los gases de efecto invernadero que emitimos sigue sin pagar su costo real – una silenciosa subvención a la contaminación. Para una audiencia preocupada por la sostenibilidad aquí en Santiago de Chile, esta cifra es un llamado de atención poético y urgente. ¿Cómo traducir este desafío global en una oportunidad local? ¿Cómo puede Chile, con su modesto impuesto al carbono, tomar la pluma y reescribir su destino climático y fiscal?
Solo el 1% de las emisiones “paga lo justo”
Los economistas del clima han estimado un “precio adecuado” al carbono necesario para cumplir el Acuerdo de París: alrededor de $40-$80 dólares por tonelada de CO₂ en el corto plazo (umbral que debería subir a unos $50-$100 hacia 2030). Este rango reflejaría el costo real del daño climático y enviaría señales claras a la economía para descarbonizarse. Pero la realidad dista mucho de esa aspiración. El precio medio global del carbono es de apenas ~$32/ton sustainable-markets.com, por debajo incluso del límite inferior recomendado. Y lo más preocupante: menos del 1% de las emisiones globales están cubiertas por precios que alcancen siquiera ese mínimo sustainable-markets.com. En otras palabras, hoy contaminar sale prácticamente gratis en la vasta mayoría de los casos. Es un fallo colectivo de mercado – un poema trágico donde seguimos emitiendo CO₂ casi sin consecuencias financieras, hipotecando el futuro climático por ahorrarnos unos pesos en el presente.
Líderes y rezagados: Uruguay y Chile en el mapa del carbono
Precios efectivos del carbono por país (US$/ton CO₂e) en 2024. Solo unos pocos países (en verde) cumplen o superan el umbral de París (~$40-$80); la mayoría (en amarillo/rojo) se sitúa “por debajo de la meta”. Chile se ubica entre estos últimos con ~$5/ton.
El contraste entre países es revelador. Uruguay –sí, nuestro vecino Uruguay– aplica el impuesto al carbono más alto del mundo, US$167 por tonelada sustainable-markets.com. Este pequeño país sudamericano lidera el ranking global con una tasa que excede ampliamente el umbral “París” y demuestra que, al menos en el papel, es posible ponerle un precio contundente a las emisiones. Detrás de Uruguay vienen varios países europeos: Suiza y Liechtenstein (~US$132), Suecia (~US$127), Finlandia (~US$100), entre otros, han fijado precios robustos y “exceden la meta” de París. Estas naciones no solo predican, también practican – Suecia, por ejemplo, ha reducido sus emisiones en un 33% desde que instauró su impuesto en 1991, mostrando el poder de un precio alto para cambiar comportamientos.
En el otro extremo, muchos países –incluyendo Chile– aún permanecen en la zona de “por debajo de la meta”. Nuestro país introdujo en 2017 el primer impuesto al carbono de Latinoamérica, pero sigue en un nivel simbólico de ~US$5 por tonelada de CO₂ ciat.org. A ese precio, el carbono en Chile cuesta menos que un café, una señal demasiado débil para desincentivar seriamente la quema de combustibles fósiles. No es sorpresa entonces que se nos clasifique entre los rezagados en los gráficos globales. Chile aparece con ~$5/tCO₂, muy lejos del rango eficaz, compartiendo el color amarillo de la tabla con decenas de jurisdicciones donde el precio al carbono aún es una gentileza más que una medida transformadora. Esta brecha entre US$5 y US$50 no es solo numérica, es una distancia entre la intención y la acción, entre un futuro vulnerable y uno sostenible.
Más que reducir emisiones: el potencial fiscal del carbono
Un precio al carbono no solo sirve para recortar emisiones, sino también para recaudar ingresos públicos. Cada tonelada de CO₂ gravada representa fondos frescos para las arcas nacionales, un recurso invaluable para financiar la transición energética o políticas de desarrollo. De hecho, en 2024 los gobiernos del mundo recaudaron en conjunto ~US$103.000 millones mediante impuestos y mercados de carbono carboncredits.com. Esta cifra récord ilustra el potencial fiscal de poner precio a la contaminación. Europa lleva la delantera en este frente: el mercado de carbono de la Unión Europea (EU ETS) por sí solo aportó 41% de todos esos ingresos carboncredits.com, siendo la principal fuente individual de recaudación climática global. Gran parte de estos fondos se reinvierten en soluciones verdes – más de la mitad se destina a financiar programas de clima, naturaleza y energía limpia worldbank.org. Por ejemplo, países como Alemania canalizan lo recaudado a un Fondo de Transformación Climática, y la propia UE decidió que el 100% de lo recaudado por su ETS apoye objetivos climáticos y energéticos a partir de 2023. En resumen, un carbono caro no empobrece la economía; al contrario, la fortalece: reduce la contaminación y al mismo tiempo provee recursos para innovación, infraestructura sostenible y apoyo a comunidades en la transición. Es un win-win para el clima y el erario.
Cabe destacar que incluso a niveles modestos, los impuestos al carbono ya demuestran su capacidad recaudatoria. En Chile, con solo US$5/ton, el llamado “impuesto verde” generó ~US$156 millones en 2022 clgchile.cl para las arcas fiscales. Son ingresos que, bien direccionados, pueden apoyar proyectos de energía renovable, transporte limpio o adaptación climática, además de contribuir al presupuesto general. Imaginemos entonces el potencial si el precio por contaminar reflejara realmente el costo climático: estaríamos hablando de miles de millones de dólares a disposición de las necesidades del país, desde la acción climática hasta la educación o la salud, todo ello financiado por desincentivar lo que nos hace daño. En términos fiscales, poner precio al carbono es una oportunidad dorada — en lugar de nuevos endeudamientos o alzas de impuestos tradicionales, es hacer que “quien contamina, paga” y que ese pago se reinvierta en el bienestar común.
Chile: oportunidad urgente de alinear economía y clima
Para Chile, el mensaje es claro y apremiante. Nuestro impuesto actual de US$5/tCO₂ es un paso inicial, pero claramente insuficiente frente a la escala del desafío climático. El propio Fondo Monetario Internacional ha propuesto rutas para elevar gradualmente este gravamen, con escenarios que lo llevan a US$15 en el muy corto plazo y hasta ~US$50-60 en la próxima década ciat.org. La razón de esta urgencia es doble: por un lado, cumplir nuestros compromisos climáticos (NDC) y evitar quedarnos rezagados en la acción global, y por otro, aprovechar una palanca fiscal única para el desarrollo sostenible. Cada año que mantenemos el carbono subpreciado es una oportunidad perdida de orientar el mercado hacia la innovación verde y de engrosar un fondo para el futuro.
Revisar el diseño fiscal chileno bajo esta luz significa atreverse a innovar. No se trata de castigar por castigar, sino de rediseñar incentivos: un impuesto más alto al carbono encarece las prácticas sucias y, simultáneamente, hace más atractivas las soluciones limpias (energía solar, eficiencia energética, movilidad eléctrica, etc.). Se trata de enviar una señal inequívoca a inversionistas y ciudadanos de que Chile toma en serio la crisis climática. Además, con las salvaguardas adecuadas, los ingresos adicionales pueden amortiguar cualquier efecto en hogares vulnerables o sectores industriales expuestos a la competencia externa. Varios países han demostrado que es posible aumentar el precio del carbono sin perder competitividad, usando medidas compensatorias inteligentes y gradualidad. Chile, con su matriz energética cada vez más renovable y su compromiso declarado con la carbono-neutralidad al 2050, tiene las condiciones para dar este salto.
Llegados a este punto, la invitación es a repensar nuestro pacto fiscal con el planeta. Tenemos ante nosotros la oportunidad de alinear economía con clima, de reconciliar el crecimiento con la sustentabilidad. Un carbono con precio adecuado podría convertirse en el hilo invisible que teja un futuro próspero y bajo en emisiones. En vez de ver el impuesto verde solo como una fuente de ingreso menor, empecemos a verlo como una política de Estado estratégica: la herramienta que nos permite desincentivar aquello que contamina y financiar aquello que cura.
Un nuevo diseño fiscal para un futuro sostenible
Chile está a tiempo de escribir un capítulo inspirador en la historia climática. El 1% global que hoy valoriza correctamente el carbono no debería ser un club exclusivo; debiera ser la norma a la que aspiremos. No por cumplir una estadística, sino por lo que significa en términos de voluntad política y visión de futuro. Pasar de US$5 a un precio acorde al daño climático no es sencillo ni inmediato – requerirá diálogo social, gradualidad y flanqueo de políticas complementarias – pero es posible y, sobre todo, necesario. Cada día de inacción es un día en que seguimos regalándole a la atmósfera nuestros humos, en saldo, cargándole a las próximas generaciones la cuenta de nuestra parsimonia.
En este blog hemos recorrido la poesía amarga de un dato (solo 1%…); la comparación aleccionadora entre Uruguay líder y Chile rezagado; y la promesa latente de una fiscalidad verde que beneficie tanto al clima como a la sociedad. Concluimos con un llamado diplomático pero firme: repensemos el diseño fiscal chileno y su potencial para alinear economía con clima. El carbono –ese gas invisible pero potente– bien podría ser la piedra angular de una nueva estrategia de desarrollo. Que no nos gane la inercia ni el miedo al cambio. Transformemos la urgencia en oportunidad: elevemos el precio del carbono, invitemos a la economía a bailar al son del clima, y hagamos de Chile un referente que demuestre que crecimiento y sostenibilidad pueden avanzar de la mano. El planeta y nuestra propia prosperidad futura lo agradecerán.
🌎🤝🌱 Alineemos nuestras cuentas con la Tierra, antes de que la cuenta regresiva climática llegue a cero.
Referencias:
Estado y Tendencias de los Precios del Carbono 2024 – Banco Mundial (informe y comunicado)worldbank.orgworldbank.org
Visual Capitalist – The Price of Carbon Around the World (2024)sustainable-markets.comsustainable-markets.com
CIAT/IMF – propuesta de reforma al impuesto al carbono en Chileciat.org
CLG Chile – datos sobre impuesto verde y recaudación en Chileclgchile.cl
Carbon Credits (Jennifer L., 2025) – tendencias en ingresos por fijación de carbonocarboncredits.comcarboncredits.com



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