top of page
Buscar

Pilas que no iluminan, pero sí contaminan

Cada año, en la Ciudad de México, se consumen 51 millones de pilas. Pequeñas, silenciosas, prácticas. Sirven para hacer funcionar relojes, controles, linternas, juguetes. Objetos que nos acompañan… hasta que dejan de hacerlo.¿Y entonces? Las tiramos.

Pero lo que parece un gesto inocente es, en realidad, el inicio de una lenta tragedia ambiental.

Esas 1,275 toneladas de residuos que generamos al año no desaparecen. Se oxidan. Se filtran. Se mezclan con la tierra, el agua, el aire. Y con nosotros. Porque sus componentes —cadmio, mercurio, litio, dióxido de manganeso— no entienden de distancias. Vuelven en forma de aire tóxico, agua envenenada o enfermedades invisibles.


📍 Mercurio: vómito, diarrea, presión alta, convulsiones.📍 Cadmio: irritación estomacal, déficit de hierro, posible cáncer.📍 Níquel: asma, bronquitis crónica, cáncer de pulmón.📍 Litio: depresión, dificultades respiratorias, daño al miocardio.📍 MnO₂: movimientos lentos, alteraciones mentales.

Y mientras tanto, cada habitante usa, en promedio, 6 pilas por año, y solo 89.9 toneladas fueron recolectadas en puntos de acopio.Eso es menos del 7% del total. El resto… lo estamos respirando.

¿Y si la próxima vez que se acabe una pila, no la tiras?¿Y si entendemos que sostenibilidad no es un discurso, sino un acto pequeño, repetido con conciencia?

Existen más de 400 columnas de acopio en CDMX. Son discretas, sí, pero son trincheras. Porque no todo se soluciona con apps: a veces el cambio está en algo tan simple como no lanzar al mundo una bomba de metal y veneno.

💡 Lo urgente ya lo sabemos. Ahora toca lo importante: actuar.


 
 
 

Comentarios


bottom of page