Luces y sombras de la energía global en 2024: carbón, viento y una chispa de cambio
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 23 jun 2025
- 9 Min. de lectura
Cae la noche sobre nuestro planeta y millones de luces eléctricas se encienden como estrellas urbanas. Detrás de ese brillo artificial hay una historia de cómo generamos la electricidad. En 2024, el mundo sigue enchufado a viejas costumbres energéticas – con el carbón y el gas natural aún reinando – aunque las energías renovables soplan cada vez con más fuerza. Con un tono algo poético (y uno que otro guiño humorístico), veamos qué nos cuenta la IEA (Agencia Internacional de Energía) sobre la generación eléctrica global en 2024 iea.orgiea.org, y reflexionemos sobre nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Finalmente, traeremos la conversación a Chile – que no sale en la “foto” global del IEA – para explorar sus desafíos y oportunidades en la transición energética, conectando con “Conectado”, un innovador juego de simulación chileno que nos invita a repensar la sostenibilidad desde la empatía, la inteligencia colectiva y la innovación.
El panorama eléctrico de 2024: datos que cuentan una historia
Según el Global Energy Review 2025 del IEA, la matriz eléctrica mundial de 2024 fue un mezcla que refleja tanto progreso como estancamiento. En números (y con algo de sazón literaria), el “menú” de generación eléctrica global el año pasado se sirvió así:
Mundo (promedio global): ~60% combustibles fósiles (el carbón sigue siendo el plato fuerte con un 35% de la generación iea.org; el gas natural aporta algo más del 20%; y un chorrito de petróleo – apenas un “par de por ciento” – completa la oferta fósil iea.org). En contraste, las energías renovables en conjunto aportaron cerca de un tercio de la electricidad mundial, y la nuclear alrededor de 9% iea.org. Es decir, dos quintos de la electricidad global ya provino de fuentes libres de carbono, hito no visto desde los años 40s elpais.com. Aún así, los fósiles mantuvieron mayoría, dejando una estela de emisiones récord (37,8 gigatoneladas de CO₂ en 2024, un máximo histórico) iea.org.
China: El gigante asiático, con el mayor sistema eléctrico del mundo, obtiene casi 60% de su electricidad del carbón. Le siguen aproximadamente 35% de renovables, y roles menores tanto para la nuclear como el gas natural iea.org. En la sinfonía energética, China sigue tocando un potente bajo de carbón, aunque los violines solares y eólicos comienzan a hacerse oír.
India: Aquí el carbón es aún más protagonista – cerca de tres cuartas partes (≈75%) de la generación iea.org – con un acompañamiento de poco más de 20% renovables. La nuclear y el gas aportan apenas algunas notas de fondo iea.org. La imagen es la de una economía emergente todavía encadenada al carbón, aunque levantando la vista hacia el sol y el viento.
Estados Unidos: La matriz estadounidense parece un asado energético variado. El ingrediente principal fue el gas natural, con más de 40% de la generación iea.org (mucho shale gas a la parrilla, por así decir). Las energías renovables ya contribuyeron un 23% – una ensalada colorida de eólica, solar e hidro iea.org– y la energía nuclear un 18% de receta clásica. ¿Y el carbón? Solo un 16%, como brasas que se van apagando iea.org. Un panorama más equilibrado, aunque aún con sabor a gas.
Unión Europea: Si EE.UU. es un asado mixto, la UE es casi un buffet vegetariano. Cerca de la mitad de su electricidad provino de fuentes renovables en 2024 (casi el 50%, muy por encima del promedio mundial) iea.org. A esto se sumó un robusto 23% nuclear (legado de décadas, especialmente en Francia) iea.org. El gas natural (~16%) y el carbón (~11%) quedaron relegados iea.org. De hecho, Europa ya generó ~71% de su electricidad sin emisiones en 2024 elpais.com. Es como si el Viejo Continente hubiese cambiado la parrilla por energía eólica y solar al horno – más limpia, aunque no exenta de retos.
¿Qué historia nos cuentan estos datos? Por un lado, las energías renovables están creciendo a nivel global: aportan un tercio de la electricidad y subiendo. Por otro lado, el carbón sigue siendo el rey en muchas regiones, y el gas natural su príncipe heredero. El petróleo, ese veterano de mil usos, pinta poco en la electricidad (su reino es el transporte), pero sigue ahí en pequeñas dosis. En conjunto, 2024 nos mostró un sistema eléctrico mundial en transición: avanzando hacia lo limpio, pero aún adicto a lo fósil. No sorprende, entonces, que la humanidad siga caminando por el filo climático – la persistente quema de carbón y gas mantiene las emisiones de CO₂ en niveles récord a pesar del auge renovable iea.org.
La dependencia fósil: un dilema con humo (y fuego)
Que casi un 60% de la electricidad global aún venga de combustibles fósiles importa – y mucho. Significa que, a pesar de los esfuerzos en energías limpias, todavía estamos atados a las fuentes más contaminantes para mantener las luces encendidas. Este statu quo trae varias implicancias críticas:
Clima bajo presión: Cada kilowatt-hora generado con carbón o gas libera CO₂ y otros contaminantes. El resultado: en 2024 las emisiones del sector energético aumentaron 0,8%, alcanzando el nivel más alto jamás registrado iea.org. Estamos, metafóricamente, sacándole humo al planeta. La ciencia climática advierte que esta trayectoria nos aleja de las metas del Acuerdo de París – los eventos extremos nos lo recuerdan con crudeza.
Inercia e inversión: La infraestructura fósil (minas de carbón, gasoductos, centrales térmicas) tiene décadas de inversión y subsidios detrás. Desmantelar ese legado no es tan simple como apagar un interruptor. Muchos países en desarrollo, como India o naciones del Sudeste Asiático, dependen del carbón por una mezcla de costo, abundancia local e incluso estabilidad política. Cambiar esa adicción requiere no solo voluntad política, sino dinero para alternativas, tecnologías de transición y planes sociales para las comunidades mineras. El mundo sigue bailando con la más “fea” (los fósiles), porque romper esa pareja cuesta sangre, sudor y lágrimas.
Transición desigual: La foto global de 2024 revela brechas regionales enormes. Mientras Europa roza la mitad de electricidad verde, países asiáticos en crecimiento aún queman carbón a destajo. Esta dualidad genera tensiones en negociaciones internacionales: ¿Cómo pedirle a economías emergentes que reduzcan su uso de carbón, si ese ha sido el camino al desarrollo que Occidente tomó por más de un siglo? La equidad en la transición es un delicado juego geopolítico. ¿Quién paga la cuenta de descarbonizar? sigue siendo la gran pregunta.
Sin embargo, no todo es pesimismo. 2024 también dio señales alentadoras: las renovables crecieron a un ritmo récord, especialmente solar y eólica, incorporando cientos de gigavatios nuevos iea.orgiea.org. Por primera vez, energía limpia (renovables+nuclear) cubrió dos quintos de la generación global iea.org. Se vislumbra el principio del fin del crecimiento fósil elpais.com. La clave está en acelerar esta tendencia, cerrando centrales de carbón viejas, frenando la expansión de gas sin captura de carbono, y facilitando que el sol y el viento tomen el relevo definitivo. La carrera está en marcha, aunque el final feliz no esté garantizado.
Chile: desafíos y oportunidades fuera de la “foto”
En la imagen global del IEA no aparece Chile, pero nuestro país tiene su propio capítulo interesante en esta historia. ¿Cómo anda Chile en 2024 en materia de electricidad? Sorprendentemente bien en cuanto a participación de renovables, aunque con desafíos importantes por delante.
Chile ha impulsado con fuerza la incorporación de energías limpias en su matriz eléctrica durante la última década. Los números hablan solos: en 2024 las energías renovables (sol, viento, hidro, biomasa, etc.) aportaron alrededor de un 68% de la generación eléctrica total del país blog.investchile.gob.cl, aumentando desde ~63% en 2023 y ~56% en 2022. ¡Casi dos tercios de nuestra electricidad ya es libre de carbono! De hecho, hubo momentos estelares, como en diciembre, cuando la generación renovable alcanzó picos de 77% blog.investchile.gob.cl. Esto nos coloca a la vanguardia de América Latina en transición energética, reafirmando nuestro compromiso de avanzar hacia una matriz 100% limpia en un futuro cercano.
Sin embargo, no cantemos victoria todavía. Alcanzar altas cuotas de renovables es una cosa; sostenerlas y seguir creciendo, otra muy distinta. Chile enfrenta dos grandes desafíos estructurales en su camino a la transición total blog.investchile.gob.cl:
Almacenamiento: Las fuentes solares y eólicas son intermitentes – dependen del sol y el viento, que no siempre están cuando la demanda los necesita. Integrar baterías u otras formas de almacenamiento a gran escala será crucial para guardar excedentes de energía en horas pico de sol/viento y liberarlos en horas valle. Sin suficiente almacenamiento, podríamos desaprovechar mucha energía renovable (p. ej., vertimiento de energía solar al mediodía) o sufrir déficits en la noche.
Transmisión: Nuestros recursos renovables suelen estar lejos de los centros de consumo (piénsese en la solar del Desierto de Atacama o la eólica en Magallanes). Requerimos nuevas líneas de transmisión robustas y extensas para “trazar la ruta” de la energía limpia desde donde se genera hasta donde se consume blog.investchile.gob.cl. Actualmente, cuellos de botella en la red hacen que a veces plantas renovables deban frenar su producción porque simplemente no hay por dónde evacuar tanta electricidad verde.
A estos desafíos técnicos se suman consideraciones sociales y económicas: cerrar las últimas centrales a carbón antes de 2040 (meta ya anunciada) implica gestionar la transición justa para zonas como Tocopilla, Mejillones o Coronel, donde la generación fósil dio trabajo por décadas. También está la gran apuesta por el hidrógeno verde como nuevo vector energético para exportar nuestras energías renovables en forma de combustible limpio. Chile, en síntesis, no aparece en la infografía del IEA, pero vive su propio proceso de transformación energética: uno lleno de promesas (por nuestro potencial solar/eólico único) y pruebas por superar (tecnológicas, regulatorias y sociales).
“Conectado”: jugando al futuro de la energía
Ante un escenario global complejo y desafiante, surge una pregunta: ¿cómo aceleramos la transición energética desde la ciudadanía y la educación? Ahí es donde entra la creatividad – y también la ludificación (gamificación). ¿Quién dijo que aprender sobre energía y clima tiene que ser latero? Aquí en Chile, una iniciativa notable está demostrando el poder de lo lúdico: “Conectado”, un juego de simulación educativa sobre sostenibilidad global, enfocado en la transición energética y el cambio climático re-conectado.cl.
¿De qué se trata “Conectado”? Es esencialmente un juego de rol a escala mundial. Diseñado para grupos de 15 a 30 participantes, divide a los jugadores en equipos que representan distintas regiones del mundo – desde potencias industrializadas hasta países en desarrollo re-conectado.cl. A cada equipo le toca tomar decisiones económicas y políticas en materia de energía a lo largo de rondas que simulan los años 2021 al 2050 re-conectado.cl. El objetivo: permitir que experimenten, en carne propia (o mejor dicho, en ficha propia), las dinámicas de la sostenibilidad global. Las consecuencias de sus decisiones se van mostrando en tiempo real en el juego: inversión en renovables vs. continuar con fósiles, cooperación internacional vs. competencia, acciones climáticas ambiciosas vs. inacción. Los participantes pueden explorar y comprender cómo sus acciones afectan tanto la economía como el sistema climático global re-conectado.cl.
Lo mágico de herramientas así es que combinan conocimiento con diversión. Conectado logra “unir la ciencia con el juego” de una forma accesible y potente. Los jugadores no solo aprenden datos duros (ej. qué pasa si una región invierte X billones en solar o si otra decide construir más plantas a carbón), sino que desarrollan empatía e inteligencia sistémica: entienden las posiciones de otras regiones, negocian, sufren las consecuencias de decisiones cortoplacistas o celebran los beneficios de la colaboración. En palabras simples, un juego como Conectado nos entrena el músculo de la inteligencia colectiva para la sostenibilidad, algo que vamos a necesitar mucho en el mundo real.
Además, este tipo of iniciativas derriba el mito de que los problemas serios solo se abordan con caras largas. Al contrario, la innovación educativa demuestra que podemos tomarnos muy en serio el futuro, jugando. La generación joven – y también la adulta – aprende mejor cuando se involucra emocionalmente, y nada genera más emoción que un juego bien diseñado donde sientes el peso (y las consecuencias) de tus decisiones. En Conectado, una persona puede “ser” ministra de Energía por un día y enfrentar dilemas reales: ¿apuesto por crecimiento económico a toda costa o freno emisiones? ¿Cómo reacciono si otra región no coopera? Es un sandbox seguro para equivocarse, ensayar estrategias y despertar ese bichito de querer cambiar las cosas de verdad.
Un llamado (conectado) a la acción: empatía, colaboración e innovación
Recorrer el estado de la energía global en 2024 nos deja sentimientos mezclados. Por un lado, admiramos los avances de las renovables y vemos destellos de esperanza – regiones y países que están iluminando el camino hacia un futuro sin carbono. Por otro lado, reconocemos la pesada sombra del carbón y el gas que aún cubre gran parte del mundo, incluidas sus consecuencias climáticas y sociales.
Sin embargo, si algo queda claro es que no podemos darnos por vencidos. La transición energética global requiere tanto de cambios tecnológicos como de cambios culturales. Y estos últimos se logran educando, involucrando y conectando a las personas. Necesitamos formar nuevas generaciones (y reformar a las viejas) con comprensión sistémica, con empatía hacia quienes más sufrirán el cambio climático y con creatividad para inventar soluciones.
Chile, con sus propias luces y sombras energéticas, tiene la oportunidad de ser un laboratorio de innovación en este sentido. No solo en la adopción de energías limpias, sino en la forma de comunicar y educar sobre ellas. Iniciativas como Conectado demuestran que es posible enseñar sostenibilidad de manera atractiva y profunda a la vez, “uniendo conocimiento y diversión” como reza su lema.
Llegó la hora de transformar nuestra relación con la energía y el planeta. Y esa transformación comienza por cada uno de nosotros: reflexionando sobre cómo consumimos electricidad, exigiendo políticas responsables, apoyando proyectos eólicos, solares o de hidrógeno verde en nuestras comunidades, y sí, ¡jugando a cambiar el mundo si hace falta!
Porque la batalla contra la crisis climática y por la sostenibilidad no se ganará solo con megawatts y paneles solares – se ganará con empatía, inteligencia colectiva e innovación. Enchufémonos a ese propósito. Cada acción cuenta, cada mente sumada importa, y cada idea nueva es una chispa de luz en la oscuridad. Al final del día, estamos conectados en este desafío común, y solo juntos – informados, conscientes y unidos – podremos escribir un futuro energético brillante y justo para todos. iea.org



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