La verdad incómoda del plástico: solo 9% se recicla en el mundo
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 17 jun 2025
- 5 Min. de lectura
La Tierra amanece bajo un cielo de plástico. En el horizonte se recortan montañas de botellas y envoltorios que brillan como un espejismo multicolor bajo el sol. Ríos de polímeros atraviesan paisajes y océanos, componiendo un ecosistema artificial que perdurará por siglos. No es una distopía futurista, es la postal actual de nuestro planeta atrapado en un modelo de “usar y desechar”. Y la paradoja más cruda: de todo este plástico omnipresente, apenas un 9% logra renacer mediante el reciclaje.
La cruda realidad global: 9% de reciclaje
Los últimos datos de la OCDE no dejan lugar a dudas. Apenas un 9% de los desechos plásticos mundiales se recicla con éxito oecd.org. Casi la mitad termina sepultada en rellenos sanitarios (~49%), un 19% se quema en incineradores, y un 22% ni siquiera ingresa a un sistema formal: se maneja mal, acaba en basurales a cielo abierto o termina disperso en ríos y océanos oecd.org. En otras palabras, el 91% del plástico sigue un destino lineal y contaminante. La promesa del reciclaje, en la práctica, resulta ser muchas veces un espejismo verde. Mientras la producción de plásticos sigue creciendo año a año, la verdad incómoda es que continuamos enterrando y quemando la mayoría, con las consecuencias ambientales acumulándose durante generaciones oecd.org.
Este panorama revela que la economía global del plástico sigue siendo mayoritariamente lineal: extraemos materiales, fabricamos productos de vida corta y luego los desechamos sin asegurar su reintegro al ciclo productivo. Cada envase o bolsa que usamos por minutos puede persistir décadas o siglos en el ambiente. El reciclaje, aunque vital, no ha logrado despegar a la escala necesaria. Apenas un dígito de recuperación (ese 9%) frente a dos dígitos de desperdicio es una brecha abismal que nos recuerda cuán lejos estamos de la tan mencionada economía circular.
Chile: reciclaje plástico al debe
En Chile, el panorama no es muy distinto — de hecho, estamos ligeramente por debajo del promedio mundial. De ~990.000 toneladas de plástico que el país consume cada año, solo unas 83.679 toneladas logran reciclarse, alrededor de un 8,5% fch.cl. Esto implica que más del 90% del plástico en Chile sigue el mismo camino lineal de usar y botar. Y lo que es peor: la mayor parte de lo poco que se recicla no proviene de los hogares chilenos, sino de fuentes industriales o comerciales. Solo un 17% del plástico reciclado en Chile tiene origen domiciliario (apenas ~14 mil toneladas al año) fch.cl, una fracción minúscula (del orden del 1% del plástico total consumido en el país). En otras palabras, el reciclaje post-consumo doméstico es prácticamente simbólico. La propia industria lo reconoce: mientras cerca del 100% del plástico industrial se recicla, en el caso del plástico que descartamos en casa el porcentaje recuperado es “bajísimo”paiscircular.cl. Es la cruda realidad tras la compostera del patio o el punto limpio del barrio: una gota en un mar de plástico desechable.
Esta situación refleja la falta de sistemas eficientes de recolección y una cultura de reciclaje aún incipiente. Muchas comunas carecen de recolección segregada de reciclables puerta a puerta, y el ciudadano de a pie, por más concienciado que esté, a menudo no tiene más opción que mezclar sus residuos plásticos con la basura común. Aquí es donde entra en juego la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (Ley REP). Esta ley, promulgada en 2016, exige que los productores se hagan cargo de una porción de los residuos que generan sus productos, asegurando que un porcentaje de esos materiales se recupere y recicle en nuevos ciclos productivos paiscircular.cl. Tras años de preparación, la Ley REP por fin comienza a desplegarse: ya está operativa para neumáticos y recientemente se publicó el anteproyecto para regular envases y embalajes (donde se incluyen plásticos de un solo uso), estableciendo metas obligatorias de recolección y valorización progresivas hasta 2030 paiscircular.cl. La expectativa es que, al imponer responsabilidad financiera y metas claras a las empresas, la Ley REP impulse una infraestructura robusta de reciclaje: puntos de recolección en todos los barrios, sistemas de separación en origen y cadenas logísticas que eviten que el plástico doméstico siga terminando en vertederos o, peor, en ríos y playas.
El potencial cambio de paradigma es significativo. Algunos expertos proyectan que, una vez esté plenamente implementada, esta ley podría elevar la tasa de reciclaje de plásticos en Chile a cifras impensadas – se habla de hasta un 60% en menos de una década si de verdad nos alineamos con las prácticas de países desarrollados paiscircular.cl. Sería un salto cuántico desde el <10% actual, y un paso firme hacia una economía más circular. Por supuesto, alcanzar ese 60% requiere mucho más que una ley: demanda inversión en plantas recicladoras, educación ciudadana, innovación en ecodiseño de envases y, sobre todo, voluntad política y empresarial para cumplir y fiscalizar las nuevas obligaciones.
Hacia una economía circular real: no más vitrinas verdes
Queda mucho por hacer, pero el rumbo es claro. Debemos acelerar la transición hacia una economía circular en serio, una en la que el plástico nunca se considere basura sino recurso. Esto significa diseñar productos pensando en su reutilización y reciclaje, ampliar drásticamente la capacidad de recolección y procesamiento de materiales, e incentivar modelos de negocio que eliminen los plásticos de un solo uso donde sea posible. No podemos conformarnos con vitrinas verdes – campañas de imagen o pequeños gestos ecológicos – mientras por detrás se mantienen prácticas lineales de producción y consumo. Es hora de alinear el discurso con la realidad: menos greenwashing y más acciones tangibles.
La Ley REP en Chile marca un punto de inflexión, pero deberá venir acompañada de un cambio cultural y estructural. Cada ciudadano separando sus residuos, cada empresa repensando sus envases, cada municipio facilitando el reciclaje, suman en esta cruzada. El planeta no tolera más dilaciones. En materia de plásticos, el 9% de reciclaje global no puede ser nuestro techo, sino el piso desde el cual mejorar año tras año. Convertir la economía circular de un concepto a una práctica cotidiana es un desafío impostergable. La buena noticia es que las soluciones existen; la pregunta es si tendremos la determinación de implementarlas a la velocidad y escala que la crisis del plástico exige. Cada amanecer, bajo ese cielo de plástico que imaginábamos al principio, puede ser distinto si actuamos hoy. Es momento de pasar de los eslóganes a la acción: no más vitrinas verdes con prácticas lineales por detrás, sino un verdadero cambio de fondo hacia la circularidad. Nuestro futuro bien vale el esfuerzo.
Fuentes: OECD (Global Plastics Outlook 2022), Fundación Chile – Pacto Chileno de los Plásticos (2020), ASIPLA – Estudio Reciclaje en Chile (2022), Ley REP 20.920, País Circular.oecd.orgfch.clpaiscircular.clpaiscircular.clpaiscircular.cl



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