La punta del iceberg: CO₂ y un discurso simplista
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 20 jun 2025
- 7 Min. de lectura
Nos hemos acostumbrado a hablar de sostenibilidad en el idioma del carbono. Si una política, empresa o persona promete “neutralidad de carbono”, aplaudimos; si baja su huella unos kilos, celebramos. Sin duda, reducir emisiones es crucial, pero enfocarnos solo en eso es un espejismo cómodo. Como bien señaló un experto, “a menudo lo reducimos a bajar emisiones de carbono”, cuando en realidad el CO₂ es solo la punta visible del iceberg es.linkedin.com. Bajo la superficie, la sostenibilidad verdadera implica mucho más: justicia social, para que la transición no deje a comunidades atrás; protección de la biodiversidad, porque de nada sirve un clima estable en un mundo ecológicamente muerto; reducción de contaminantes plásticos y otros residuos; acceso equitativo a educación y oportunidades; cambios en nuestros sistemas alimentarios hacia lo sostenible; diseño regenerativo de ciudades y economías; y una economía circular que rehúse el despilfarro. Todas estas dimensiones están interconectadas y son tan fundamentales como el carbono para “crear un futuro más justo, saludable y resiliente para todos” es.linkedin.com.
Sin embargo, estas facetas permanecen bajo el agua, fuera del foco mediático y, a menudo, fuera de las aulas. El resultado es una narrativa reduccionista: se nos invita a cambiar bombillas por LED y a calcular nuestra huella de CO₂, pero rara vez a cuestionar la injusticia climática o la raíz cultural de la crisis. Hablamos de plantar árboles, sí, pero ¿y plantar justicia, conocimiento o empatía social? Seguimos midiendo el éxito ambiental en partes por millón de CO₂, mientras ignoramos que sin equidad ni ecosistemas sanos, esa “victoria” climática sería hueca. Como en un iceberg, lo que no vemos puede hundirnos.
Educación y políticas: enseñando la sostenibilidad a medias
Este reduccionismo no solo domina conversaciones casuales y promesas corporativas; se cuela también en la educación y las políticas públicas. Hoy, en muchas escuelas la sostenibilidad se enseña de forma superficial, casi simbólica. Se limita a un capítulo en el libro de Ciencias Naturales, a una semana de “cuidado del medio ambiente” donde se reciclan botellas y se hacen carteles verdes. ¿Pero dónde queda la profundidad del iceberg en el currículo? Demasiadas veces la educación ambiental se queda en apagar la luz y cerrar la llave, sin mencionar la necesaria transformación social y cultural para un desarrollo realmente sostenible. Se habla de cambio climático, eficiencia energética o reciclaje, pero desconectados de sus causas y consecuencias humanas. Así, formamos estudiantes que conocen términos como “efecto invernadero” pero que quizás no logran ver la conexión con, por ejemplo, la pobreza energética en los hogares, la pérdida de bosques nativos o la salud de sus propias comunidades.
Incluso en políticas públicas, la sostenibilidad a veces se aborda con visión de túnel. Se crean planes de mitigación de CO₂ o programas de reciclaje, loable pero insuficiente. Falta integrar esa mirada holística que entienda que medio ambiente, sociedad y economía son inseparables, las “tres patas que configuran la sostenibilidad” retema.es. Afortunadamente, ya hay voces alertando de esto: desde la academia y la sociedad civil se exige que el Estado garantice el derecho a una educación ambiental integral en este contexto de crisis climática y ecosocial. Como destacó un especialista chileno en un reciente seminario, “es necesaria una educación ambiental que no sólo se refiera a contenidos, sino que vaya más allá. ... Que mire la globalidad y entienda que hay una responsabilidad mayor a una acción puntual” codexverde.cl. En otras palabras, formar no solo alumnos que sepan datos, sino ciudadanos críticos que comprendan la compleja pregunta: “¿Qué sociedad es la que necesitamos hoy?” codexverde.cl.
Sumergirse en la profundidad: Conectado, un juego para aprender sostenibilidad
Ante este panorama, surge una propuesta luminosa y poco convencional: llevar a estudiantes y docentes a explorar toda la profundidad del iceberg mediante la simulación y el juego. Aquí es donde entra Conectado, un innovador juego de simulación de sustentabilidad desarrollado en Chile. Su premisa lo dice todo: “Aprender sí puede cambiar el mundo. ‘Conectado’ es un juego que une teoría, práctica y acción frente al cambio climático” re-conectado.cl.
¿De qué se trata? Conectado invita a los participantes a ponerse el traje de tomadores de decisiones del mundo real. Es una simulación educativa sobre sostenibilidad global, centrada en la transición energética y los desafíos del cambio climático. Diseñado para entre 6 y 35 o más jugadores organizados en equipos, representa diferentes regiones del mundo –desde países industrializados hasta emergentes y en desarrollo– que deberán negociar y decidir políticas económicas y energéticas año tras año re-conectado.cl. El juego abarca varias décadas (2021-2050) en rondas que simulan periodos de 5 años, de modo que cada decisión tiene consecuencias tangibles en el transcurso del tiempo. Los participantes experimentan en carne propia cómo sus acciones afectan tanto al sistema económico como al clima del planeta re-conectado.cl. En términos sencillos, Conectado transforma el aula en un gran tablero mundial: ¿Invertirás en energías renovables o seguirás explotando combustibles fósiles? ¿Priorizarás el crecimiento económico inmediato o las medidas de adaptación a largo plazo? ¿Colaborarás con otras regiones para compartir tecnología y recursos, o competirás por ventaja propia? Cada elección alterará el rumbo del juego –y eso es exactamente lo que ocurre en nuestro mundo.
Lo extraordinario de esta metodología es cómo consigue dar vida a aquellos elementos ocultos del iceberg. Un estudiante puede ver, por ejemplo, que una política energética no solo cambia una cifra de CO₂, sino que repercute en la calidad de vida de poblaciones, en la biodiversidad (si sube la temperatura, ciertos ecosistemas sufren), en la economía global y en las relaciones internacionales. Las conexiones antes abstractas cobran sentido de forma vívida: la sostenibilidad deja de ser teoría para convertirse en experiencia.
El poder de la simulación: aprender haciendo para una ciudadanía climática
Hay un poder transformador en la simulación y el aprendizaje experiencial que la enseñanza tradicional difícilmente alcanza. Estudios y expertos en pedagogía lo respaldan: “La sostenibilidad es un tema complejo e interdisciplinario que requiere comprender interconexiones entre sistemas ambientales, sociales y económicos. Los juegos y simulaciones son herramientas poderosas para enseñarla, pues involucran a los alumnos en aprendizaje activo y experiencial, fomentan el pensamiento sistémico y habilidades de resolución de problemas, y crean escenarios que reflejan los desafíos reales” es.linkedin.com. En lugar de solo memorizar definiciones o escuchar cátedras sobre desarrollo sostenible, los estudiantes viven los dilemas. Un juego bien diseñado como Conectado les permite “explorar las causas y consecuencias” de los problemas, “experimentar con diferentes estrategias y soluciones”, y desarrollar pensamiento crítico y creativo en el proceso es.linkedin.com. Además, al jugar colaborativamente, debatiendo con sus pares en cada decisión, ensayan la participación ciudadana informada: aprenden a argumentar, negociar, considerar distintas perspectivas y asumir responsabilidades.
La magia de este aprendizaje activo es que también involucra la dimensión emocional y ética. No es lo mismo leer sobre comunidades afectadas por una sequía, que sentir, aunque sea en simulación, la presión de decidir cómo repartir recursos ante una crisis hídrica. Los juegos pueden lograr que el estudiante se preocupe, se frustre, se entusiasme; en resumen, que se importe de verdad. Y de esa semilla emocional nace muchas veces la convicción y la acción. Si queremos una ciudadanía crítica, informada y capaz de actuar frente al cambio climático, hagamos que en la escuela se practique esa acción, que se ensaye la toma de decisiones complejas. La teoría es necesaria, sí, pero la experiencia es la que forma conciencia perdurable.
De la simulación a la acción real: un llamado a políticas educativas valientes
Llegados a este punto, la pregunta cae por su propio peso: si herramientas pedagógicas como Conectado pueden cambiar la manera en que las personas jóvenes entienden y asumen la sostenibilidad, ¿por qué no están ya en cada escuela, en cada currículo oficial?. Necesitamos voluntad y visión para dar el salto. No basta con iniciativas aisladas o proyectos piloto entusiastas en un colegio innovador; esto debe escalarse a la política pública. Chile y Latinoamérica enfrentan de forma aguda la crisis climática y socioecológica, y a la vez adolecen de brechas educativas y desigualdades. Integrar juegos de simulación y enfoques experienciales en la educación ambiental no debería ser visto como una novedad extravagante, sino como una estrategia esencial.
Las autoridades, docentes y comunidades educativas debemos atrevernos a cambiar el paradigma. Como planteó Diego Urrejola de Fundación Cosmos, es vital adoptar “nuevas herramientas educativas que nos permitan una formación de conciencia... Para esto, es necesario generar un cambio cultural a través de la implementación de políticas públicas que abran nuevos espacios de educación en un contexto de cambio climático” codexverde.cl. Dicho de otro modo, el Estado debe impulsar y apoyar estos enfoques para que no dependan solo de voluntades individuales. Imaginemos políticas nacionales de educación ambiental que incluyan explícitamente metodologías de juego de rol, simulaciones y aprendizaje basado en proyectos reales. Imaginemos ministerios de Educación y Medio Ambiente colaborando para llevar Conectado (y otras experiencias semejantes) a cientos de escuelas, capacitando a profesores para facilitarlas. ¿Qué lograríamos con eso? Formar generaciones completas de estudiantes que no solo sepan qué es el cambio climático, sino que lo hayan simulado, discutido y enfrentado en un entorno educativo seguro. Jóvenes que entienden la interacción entre energía, consumo, ecosistemas y justicia; que reconocen las voces de distintas regiones y actores; que desarrollan empatía y pensamiento crítico. En suma, ciudadanos preparados para actuar con inteligencia y solidaridad en la vida real.
La sostenibilidad no puede seguir enseñándose como un checklist de buenas acciones verdes. Debe enseñarse como lo que es: una trama compleja de la cual todos formamos parte y en la que todos podemos incidir. Hoy más que nunca, requerimos educación transformadora que esté a la altura de la emergencia planetaria. Conectado nos muestra un camino posible: aprender jugando, para actuar cambiando.
Cerremos con un llamado claro. Chile y Latinoamérica: es hora de sumergir la educación en la profundidad del iceberg. Que cada sala de clase se convierta en un laboratorio de futuro, donde los estudiantes exploren soluciones, cometan errores, entiendan consecuencias y forjen su voz. Integrar propuestas como Conectado en las políticas públicas de educación ambiental no es solo innovar en pedagogía; es sembrar esperanza y acción allí donde más se necesita. Hagámoslo política de Estado. Porque el iceberg de la sostenibilidad, con toda su profundidad, debe ser parte de la formación de quienes heredarán este mundo. No les dejemos solo la punta visible; invitémoslos a descubrir y a cuidar todo lo que yace bajo la superficie.
¡Sumémonos al cambio, conectando educación, juego y realidad por un futuro verdaderamente sostenible!
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