Hidrógeno: promesa líquida o humo de futuro
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 10 jun 2025
- 2 Min. de lectura
Nos han prometido que el hidrógeno será el combustible de la esperanza. Que moverá barcos, aviones, industrias… y conciencias. Que será limpio, abundante, y el héroe callado de un futuro net-zero. Pero cuando miramos los números, la poesía empieza a oler a humo.
Para llegar a la meta de carbono neutral al 2050, el mundo necesitará producir 430 millones de toneladas de hidrógeno al año. ¿Dónde estamos hoy? Apenas en 95 millones, y solo el 47% de la capacidad futura está en carpeta.
Es decir: estamos a medio tanque para un viaje que exige velocidad, decisión y energía renovable real.
La mayor parte de esta demanda futura no es opcional. La aviación, el transporte marítimo y ciertos procesos industriales no tienen otra alternativa tecnológica viable. El hidrógeno no es un lujo verde: es la última carta para sectores que no pueden electrificarse fácilmente.
En 2022, la industria lideraba con el 53% del uso. Pero para 2050, será el transporte quien tome el volante: más del 44% del hidrógeno deberá destinarse a movernos sin destruirnos.
Y aquí viene lo ácido:Mientras algunos países anuncian hojas de ruta con entusiasmo, los proyectos concretos aún son pocos, lentos y desiguales. La infraestructura no existe. El financiamiento se diluye. Y en vez de transiciones energéticas, muchas veces seguimos comprando tiempo con promesas.
¿Y si dejamos de romantizar el hidrógeno como la bala de plata? No será mágico ni barato. Pero puede ser real, si lo tratamos como lo que es: una tecnología estratégica que necesita compromiso político, inversión inteligente y acción urgente.
El futuro no se mueve solo. Ni con likes.



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