Cinco frases clave para entender el consenso sobre el cambio climático
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 5 sept 2025
- 24 Min. de lectura
El cambio climático es un desafío complejo, pero puede resumirse poderosamente en cinco ideas sencillas. El experto en comunicación climática Anthony Leiserowitz propone cinco frases clave – “It’s real, it’s us, it’s bad, scientists agree, there’s hope” – que sintetizan el consenso actual. En español, estas ideas se traducen a que el cambio climático es real, es causado por nosotros, es grave, los científicos coinciden y hay esperanza. A continuación, exploramos cada una, analizando su dimensión científica (evidencias y datos), su dimensión social (percepción pública y consecuencias humanas) y su dimensión política (acuerdos, políticas, negacionismo o acción), para entender cómo la ciencia del clima se conecta con la acción.
Es real: el cambio climático está ocurriendo

Evidencia del calentamiento global: múltiples registros independientes (NASA GISS, NOAA, Met Office Hadley, Berkeley Earth) muestran un aumento abrupto de la temperatura media del planeta desde mediados del siglo XX. Los últimos años han sido consistentemente los más cálidos desde que hay mediciones. yaleclimateconnections.org
En el plano científico, no hay duda razonable de que el clima del planeta se está calentando de forma excepcional. Observaciones alrededor del mundo confirman tendencias claras: la temperatura global media ha subido aproximadamente 1,1 °C por encima del nivel preindustrial energiasinfronteras.org. De hecho, la última década fue la más cálida en 125.000 años, y las concentraciones de CO₂ atmosférico están en su punto más alto de los últimos 2 millones de años energiasinfronteras.org. Datos de la NASA muestran que 2016 y 2020 fueron los años más cálidos registrados desde 1880, y los ocho años más recientes han sido los más cálidos de que se tenga registro, reflejando un rápido aumento de la temperatura global en las últimas décadas yaleclimateconnections.org. Además del termómetro global, hay múltiples indicadores físicos consistentes: el nivel del mar ha subido, los glaciares retroceden y el hielo ártico disminuye, todo señalando que el calentamiento es real y sin precedentes en tiempos modernos energiasinfronteras.orgyaleclimateconnections.org.
En la dimensión social, la mayoría de la población mundial reconoce ya que el cambio climático es una realidad tangible. Las personas observan cambios en el clima local y eventos extremos más frecuentes – olas de calor intensas, sequías, inundaciones – que confirman las proyecciones científicas. Encuestas globales reflejan una creciente preocupación: por ejemplo, en una consulta internacional de 2024, más de cuatro de cada cinco personas exigieron mayor acción climática a sus gobiernos, señalando que ven el problema como urgente y real climatepromise.undp.org. Incluso en países donde ha habido desinformación, la mayoría acepta la existencia del calentamiento: en España, 84% de la población cree que el cambio climático está ocurriendo, y menos del 10% lo niega lavanguardia.com. En Estados Unidos –país históricamente influenciado por voces escépticas– estudios recientes indican que solo aproximadamente 15% de los estadounidenses niega la realidad del cambio climático lavanguardia.com, porcentaje que aunque no despreciable, muestra que la gran mayoría reconoce que el fenómeno es real. Cada vez más comunidades están experimentando en carne propia sus efectos (incendios más severos, tormentas récord, etc.), lo que refuerza la percepción pública de que la crisis climática no es abstracta, sino que ya nos está afectando.
En la dimensión política, prácticamente todas las naciones del mundo han reconocido oficialmente que el cambio climático es real. Los gobiernos han creado instancias internacionales como el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) desde 1988 para evaluar la evidencia, y han firmado tratados reconociendo el problema. El Acuerdo de París de 2015, por ejemplo, fue adoptado conjuntamente por 195 países con el objetivo expreso de limitar el calentamiento global por debajo de 2 °C es.wikipedia.org – un reconocimiento unánime de la realidad del calentamiento y de la necesidad de actuar. Sin embargo, también ha habido casos de negacionismo político que ralentizaron la acción: por ejemplo, bajo la administración de Donald Trump, Estados Unidos se distanció temporalmente del consenso científico, llegando a retirarse del Acuerdo de París y negando públicamente la realidad del cambio climático mientras impulsaba los combustibles fósiles peoplesdispatch.org. Estos episodios, motivados a menudo por intereses económicos o ideológicos, han sido la excepción más que la norma. En años recientes, incluso las fuerzas políticas más reacias enfrentan la presión ciudadana y la evidencia abrumadora. Hoy en día, negar que el cambio climático es real es políticamente menos sostenible que antes, y la discusión se centra más en cómo enfrentarlo. Aun así, el legado de la negación demuestra la importancia de la comunicación: reconocer la realidad del cambio climático de manera transversal (ciudadanos, empresas y gobiernos) es el paso inicial para cualquier solución efectiva.
Es por nosotros: la causa del calentamiento es humana

La concentración de dióxido de carbono atmosférico, principal gas de efecto invernadero, se disparó a niveles nunca vistos en al menos 800.000 años debido a la quema de combustibles fósiles. El gráfico muestra las variaciones naturales de CO₂ en cientos de milenios (ciclos entre ~180 y 280 ppm) y el aumento abrupto hasta ~420 ppm en la era industrial moderna (línea vertical derecha). Esta súbita ruptura de la tendencia histórica evidencia la influencia humana en el clima. energiasinfronteras.orgyaleclimateconnections.org
Desde el punto de vista científico, sabemos con certeza que el actual calentamiento global no es un fenómeno natural, sino causado principalmente por las actividades humanas. El sexto informe del IPCC (2021) abrió con una declaración contundente: “Es inequívoco que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra” energiasinfronteras.org. Dicho de otro modo, no hay ambigüedad: la acumulación de gases de efecto invernadero producto de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y otras acciones humanas es la causa dominante del aumento de temperaturas. La física detrás es sólida desde hace más de un siglo – ya en el XIX se identificó el efecto invernadero del CO₂ – y hoy medimos directamente el impacto. Las concentraciones de CO₂ han aumentado cerca de 50% desde la era preindustrial, alcanzando más de 420 ppm (partes por millón) cuando durante al menos 800 mil años nunca superaron ~300 ppm energiasinfronteras.org. Ese salto extraordinario, visible en burbujas de aire en núcleos de hielo y en medidas modernas, coincide con la industrialización humana y no con cambios astronómicos o volcánicos. Asimismo, se han descartado otras posibles causas naturales: por ejemplo, las mediciones satelitales muestran que la actividad solar no explica el calentamiento actual (en las últimas décadas el Sol ha tenido una influencia ligeramente enfriadora) ciencia.nasa.gov. En cambio, la firma del calentamiento – más calor atrapado en la atmósfera inferior, enfriamiento en la estratosfera, más radiación de onda larga retenida por gases – apunta directamente a los gases de efecto invernadero emitidos por nosotros ciencia.nasa.govciencia.nasa.gov. Los científicos atribuyen la tendencia observada desde mediados del siglo XX a la expansión del efecto invernadero por actividades humanas (combustibles fósiles, agricultura, cambios de uso de suelo) ciencia.nasa.gov. En resumen, “es por nosotros”: la ciencia del clima atribuye de forma abrumadora el calentamiento global a la acción humana, especialmente al consumo de carbón, petróleo y gas que libera grandes cantidades de CO₂ a la atmósfera.
En la dimensión social, comprender que somos nosotros los causantes tiene profundas implicaciones. La aceptación pública de la responsabilidad humana ha ido en aumento, pero todavía existe cierta confusión alimentada por desinformación. Gran parte del público mundial reconoce la contribución humana: encuestas muestran que mayorías significativas en la mayoría de países identifican las emisiones industriales y la deforestación como los principales motores del cambio climático. Por ejemplo, en España un sondeo halló que el 97% de los encuestados atribuye el cambio climático a la actividad humana fundacionglobalnature.org. Sin embargo, en algunos lugares persisten ideas erróneas – un porcentaje de personas cree que el calentamiento podría ser un ciclo natural o causado por el Sol. Estas creencias minoritarias han sido fomentadas en ocasiones por intereses económicos que buscan sembrar duda. Campañas de desinformación patrocinadas por ciertas industrias durante décadas generaron confusión sobre la causa real, presentando falsamente el tema como controvertido cuando no lo es. Un estudio resaltaba que el negacionismo persiste en parte por la efectividad de esa desinformación y la desconfianza hacia instituciones científicas lavanguardia.com. Afortunadamente, hoy la narrativa pública se alinea más con la evidencia: eventos extremos sin precedentes han hecho más evidente la huella humana (por ejemplo, olas de calor imposibles de explicar sin el efecto invernadero adicional). La gente también comprende que si el problema es causado por nosotros, nos corresponde a nosotros solucionarlo – lo cual empodera pero también impone urgencia moral. Cada vez más jóvenes, activistas y ciudadanos en general exigen responsabilidad a gobiernos y empresas, conscientes de que nuestras decisiones colectivas (uso de energía, transporte, estilo de vida) inciden en el clima global.
En el plano político, aceptar que “es por nosotros” cambia todo el enfoque de la respuesta climática. Si el calentamiento global fuera un fenómeno natural inevitable, tal vez solo cabría adaptarse; pero al saber que lo causan nuestras emisiones, la política internacional se orienta a reducir esas emisiones. Así nacieron los acuerdos para mitigar el cambio climático: desde el Protocolo de Kioto (1997) hasta el Acuerdo de París (2015), los gobiernos han negociado reducciones en CO₂ y otros gases, reconociendo su responsabilidad en el problema. No obstante, la atribución humana también ha sido objeto de controversia política. Países con economías muy dependientes de combustibles fósiles o líderes con visiones a corto plazo han puesto trabas para admitir plenamente la causa humana, ya que hacerlo implica comprometerse a cambios importantes. Hubo líderes que argumentaron que el clima “siempre ha cambiado” o que negaron la influencia humana para justificar la inacción. Un ejemplo notorio fue de nuevo la administración Trump en EE. UU., que rechazó la evidencia de la causa humana y revirtió regulaciones ambientales, alegando que reconocerla afectaría la economía peoplesdispatch.org. A pesar de ello, la presión internacional y ciudadana ha hecho que esos enfoques negacionistas sean cada vez más aislados. Hoy, virtualmente todos los gobiernos admiten la causa antropogénica en los documentos oficiales – incluso países petroleros forman parte de los consensos científicos del IPCC. La política actual se centra en quién reduce cuánto y cómo se financian esas transiciones, más que en discutir causas. Sin embargo, el ritmo de acción aún no corresponde a la magnitud del problema: muchos planes nacionales no están alineados con lo que la ciencia dice que sería necesario (por ejemplo, lograr emisiones netas cero a mitad de siglo). En resumen, afirmar “es por nosotros” en política significa asumir responsabilidad y enfrentar intereses creados. Supone establecer leyes de reducción de emisiones, transición energética y transformación económica. Aunque hay resistencias, también hay avances: cada vez más países fijan metas de carbono neutral, eliminan subsidios a combustibles fósiles o promueven energías limpias, señal de que se toma en serio la premisa de que el destino climático depende de nuestras propias acciones.
Es grave: las consecuencias del cambio climático son serias
En el aspecto científico, la frase “it’s bad” alude a que el cambio climático ya está ocasionando impactos negativos significativos y empeorará si no lo frenamos. Los informes científicos recientes son cada vez más contundentes al describir los efectos adversos. Un dato alarmante: según la Organización Meteorológica Mundial, en los últimos 50 años el número de desastres climáticos (inundaciones, tormentas, olas de calor, etc.) se ha multiplicado por cinco energiasinfronteras.org. Este aumento en eventos extremos se traduce directamente en pérdidas de vidas, seguridad alimentaria y propiedades. Eventos devastadores ligados al clima – huracanes más intensos, incendios forestales masivos, sequías prolongadas – son cada vez más comunes conforme la temperatura sube, tal como los científicos habían proyectado. De hecho, ya podemos atribuir ciertos extremos al cambio climático: por ejemplo, estudios de atribución climática demuestran que la ola de calor extremo en América del Norte en 2021 o las inundaciones catastróficas en Pakistán en 2022 habrían sido prácticamente imposibles sin el calentamiento global adicional. A nivel global, cada fracción de grado importa: superar 1.5 °C o 2 °C de calentamiento conlleva riesgos crecientes de colapsos de ecosistemas (como la muerte de la mayoría de corales tropicales) y puntos de inflexión (deshielo irreversible de capas de hielo, alteración de corrientes oceánicas). Los científicos advierten que, sin acción, los impactos a finales de siglo serían catastróficos para la civilización humana. Estudios recientes sugieren que bajo un escenario de altas emisiones, antes de 2100 la vida de miles de millones de personas estaría en peligro, debido al aumento del nivel del mar que inundaría zonas costeras densamente pobladas, olas de calor letales en regiones ahora habitables, fenómenos meteorológicos extremos recurrentes y efectos colaterales como crisis agrícolas y propagación de enfermedades fundacionaquae.org. Incluso con un calentamiento más moderado, ya estamos viendo amenazas a la salud (por ejemplo, mayor incidencia de golpes de calor y enfermedades tropicales), a la disponibilidad de agua dulce y a la producción de alimentos. Por tanto, desde la ciencia, “es grave” significa que el cambio climático no es un problema lejano ni menor, sino una fuerza disruptiva que pone en riesgo sistemas naturales y humanos fundamentales. Cada año extra de inacción aumentará los daños futuros, muchos de los cuales podrían ser irreversibles (extinción de especies, pérdida de glaciares, etc.).
En la dimensión social, el carácter grave del cambio climático se refleja en consecuencias humanas concretas y en la percepción pública del riesgo. Ya miles de personas mueren cada año por eventos agravados por el clima – desde olas de calor récord que causan fallecimientos entre poblaciones vulnerables, hasta ciclones e inundaciones que arrasan comunidades amnesty.org. Aún más gente se ve obligada a migrar: sequías severas y la desertificación están desplazando agricultores, mientras que la elevación del mar está reclamando tierras costeras y atolones, creando refugiados climáticos. Por ejemplo, en 2022 la hambruna en el Cuerno de África fue agravada por la peor sequía en décadas atribuida al cambio climático, dejando a millones en inseguridad alimentaria. Estos impactos golpean más duramente a quienes menos han contribuido al problema – comunidades pobres, países en desarrollo y grupos marginados – exacerbando desigualdades. La justicia climática es una preocupación creciente: se reconoce que el cambio climático actúa como multiplicador de vulnerabilidades, aumentando la pobreza y la inestabilidad en regiones ya frágiles energiasinfronteras.org. Socialmente, también se ha pasado del concepto de “las generaciones futuras” a la constatación de que la generación actual está viviendo las consecuencias. La opinión pública en muchos países ha evolucionado en consecuencia: cada vez más personas describen al cambio climático como “una crisis” o “emergencia” en encuestas, indicando una comprensión de su gravedad. Un sondeo mundial de 2021 (People’s Climate Vote) encontró que más de 64% de los encuestados consideraban el cambio climático una emergencia global. Este tipo de percepción ha impulsado movimientos como las huelgas escolares por el clima lideradas por jóvenes, quienes claman que “no hay planeta B” y que su futuro está en juego. En la cultura popular, los efectos climáticos extremos ocupan titulares frecuentes y se ha acuñado el término “ecoansiedad” para el estrés emocional que produce la amenaza ambiental. Todo esto demuestra que socialmente entendemos que “es grave”: el cambio climático afecta la salud, el sustento y la seguridad de las personas en la actualidad, no solo escenarios teóricos futuros.
Desde la perspectiva política, reconocer la gravedad ha sido clave para motivar acuerdos e iniciativas, aunque la respuesta aún es insuficiente en relación con el tamaño del problema. El hecho de que el cambio climático conlleve consecuencias catastróficas a gran escala ha llevado a muchos gobiernos a elevar el tema al nivel más alto de prioridad. Por ejemplo, numerosos países (incluidos la Unión Europea, Canadá, Japón y otros) han declarado formalmente la “emergencia climática”, un reconocimiento simbólico de que se enfrentan a una amenaza urgente. Asimismo, la gravedad del problema fue un motor para lograr el Acuerdo de París; en sus bases está el reconocimiento de que limitar el calentamiento a 1.5 °C reduce significativamente los riesgos en comparación con 2 °C es.wikipedia.orges.wikipedia.org. En la práctica, sin embargo, existe un desfase preocupante entre la gravedad científica y la acción política. Aunque prácticamente todos los gobiernos aceptan que “es grave”, sus políticas a menudo no reflejan la urgencia declarada. Por ejemplo, los compromisos nacionales actuales nos encaminarían a alrededor de +2.7 °C de calentamiento para fin de siglo, muy por encima de lo considerado seguro energiasinfronteras.org. Un informe de la ONU reveló recientemente que, de seguir las tendencias de emisiones sin mayor ambición, superaríamos con creces el límite de 1.5 °C en pocas décadas, con “consecuencias catastróficas para las personas en todo el mundo” según palabras de Amnistía Internacional amnesty.orgamnesty.org. Esta realidad ha llevado a científicos y activistas a advertir que los gobiernos “no tienen excusas” para no actuar a la altura de la crisis energiasinfronteras.org. En el terreno político también hay quienes minimizan la gravedad – argumentando, por ejemplo, que el calentamiento podría traer algunos beneficios locales (como menos muertes por frío) o que la humanidad se adaptará fácilmente. Sin embargo, esas posturas son cada vez menos convincentes ante la evidencia de desastres intensificados y costos económicos crecientes por inacción. Los economistas resaltan que salir caro no actuar que actuar: las pérdidas por eventos climáticos extremos ya suman cientos de miles de millones de dólares al año globalmente, y podrían colapsar sectores enteros (agricultura, infraestructura costera) en escenarios extremos. Políticamente, entonces, “es grave” se traduce en una mayor presión para implementar políticas climáticas robustas: fijar precios al carbono, impulsar transiciones energéticas rápidas, preparar sistemas de adaptación y resiliencia. Algunas jurisdicciones están respondiendo – por ejemplo, la Unión Europea con su Pacto Verde y leyes de neutralidad climática al 2050 – reconociendo que el costo de la inacción supera con creces el de la acción. En resumen, aceptar la gravedad implica que los líderes deben tratar al cambio climático no como un asunto ambiental menor, sino como una amenaza a la seguridad y bienestar global. Aunque aún hay un abismo entre lo que se dice y lo que se hace, la creciente consciencia pública y eventos dramáticos están empujando la política hacia un mayor sentido de urgencia acorde a la severidad que indica la ciencia.
Los científicos coinciden: existe consenso científico abrumador
Una de las ideas más importantes es que “los científicos están de acuerdo”. Dicho de otro modo, la comunidad científica global ha alcanzado un consenso firme acerca de la realidad del cambio climático, sus causas y riesgos. En términos científicos, este consenso se refleja en publicaciones y declaraciones conjuntas. Múltiples estudios independientes han encontrado que más del 97% de los climatólogos activos concuerdan en que el calentamiento observado es principalmente provocado por actividades humanas yaleclimateconnections.org. Este dato – 97% – proviene originalmente de amplios análisis bibliográficos (como el estudio clásico de John Cook y colegas que revisó cerca de 12.000 artículos científicos yaleclimateconnections.org) y ha sido confirmado por encuestas posteriores a expertos. En la práctica, entre quienes estudian el clima no hay debate sobre las nociones básicas: saben que la Tierra se calienta y que nosotros somos la causa dominante. Tan robustas son las evidencias que instituciones científicas de todo el mundo han emitido pronunciamientos oficiales respaldando estas conclusiones. La NASA destaca que más de 200 organizaciones científicas internacionales – incluyendo academias nacionales de ciencias de decenas de países y sociedades profesionales – han publicado declaraciones apoyando el consenso del cambio climático antropogénico yaleclimateconnections.org. Por ejemplo, la Academia de Ciencias de Estados Unidos, la Royal Society británica, la Academia de Ciencias de China, entre muchas otras, han reiterado que el calentamiento global es real y causado por la humanidad, y han urgido a tomar medidas. El IPCC, que reúne a miles de científicos climáticos de casi todos los países, también representa el consenso científico: sus informes deben ser aprobados línea por línea por delegados científicos y gubernamentales, lo que significa que 195 gobiernos aceptan las conclusiones científicas después de rigurosa revisión energiasinfronteras.org. Todo este proceso demuestra un acuerdo sin precedentes en la ciencia moderna. Cabe resaltar que el consenso no es un argumento de autoridad sino una consecuencia natural de la convergencia de pruebas: océanos de datos, simulaciones y observaciones independientes que llevan a la misma conclusión. Para los científicos, este amplio acuerdo es importante comunicarlo porque el público a veces subestima cuán asentada está la ciencia del clima. En definitiva, en la esfera técnica: sí, los científicos (climatólogos) están de acuerdo, al nivel comparable con el consenso sobre la teoría evolutiva o la tectónica de placas – hay detalles por afinar, pero no controversia fundamental en cuanto a realidad, causa y seriedad del cambio climático yaleclimateconnections.org.
En la dimensión social, el consenso científico tiene un papel crucial en moldear la opinión pública y contrarrestar la desinformación. Históricamente, uno de los obstáculos para la acción fue la percepción errónea de que “los científicos no se ponen de acuerdo” o que “hay mucha incertidumbre”. Esta impresión fue en parte resultado de campañas deliberadas para sembrar dudas (similares a las utilizadas por la industria tabacalera en su momento). Durante años, lobistas de combustibles fósiles y voces escépticas exageraron el puñado de disidentes o interpretaciones minoritarias, proyectando una imagen de debate científico que en realidad no existía a gran escala. El efecto fue confundir al público: todavía hoy, encuestas en algunos países muestran que una porción significativa de personas cree que los científicos están divididos sobre las causas del cambio climático, cuando la realidad es lo opuesto. Por ejemplo, hace unos años en EE. UU., menos del 20% del público sabía que el consenso científico excedía el 90%; muchos asumían que estaba en torno al 50/50. Esta brecha de percepción importa, porque la gente tiende a dudar en apoyar medidas drásticas si cree que “los expertos aún no están seguros”. Por fortuna, comunicar efectivamente que “los científicos coinciden” ayuda a cimentar la confianza en el mensaje climático. Iniciativas de comunicación, como explicar la cifra del 97% o destacar las declaraciones de academias, han logrado mejorar la comprensión pública del consenso en varios países. Ahora más personas reconocen que la ciencia del clima es tan sólida como para merecer una acción inmediata. A nivel educativo y mediático, insistir en el consenso derriba uno de los últimos refugios del negacionismo (“los científicos no se ponen de acuerdo”). Ver a científicos de múltiples disciplinas y de todo el mundo hablando con una voz tan unánime también da un peso moral: es difícil para la ciudadanía ignorar las advertencias cuando se sabe que prácticamente todos los expertos están tocando la misma alarma. En la sociedad civil, grupos como Scientists Warning o cartas abiertas firmadas por miles de científicos han tenido impacto al visibilizar esta unidad. En resumen, socialmente el acuerdo científico aplastante refuerza la legitimidad de las medidas climáticas y delegitima a quienes niegan la realidad; transmite la idea de que la humanidad, a través de su comunidad científica, ha diagnosticado el problema con claridad.
Políticamente, el consenso científico es la base sobre la cual se construyen las políticas climáticas internacionales. Cuando negociadores de distintos países discuten acciones, parten del mismo diagnóstico científico brindado por el IPCC y otras evaluaciones: eso facilita llegar a acuerdos sobre qué metas fijar (por ejemplo, las metas de 2 °C y 1.5 °C del Acuerdo de París derivan directamente de lo que la ciencia indica como umbrales de alto riesgo es.wikipedia.org). Los formuladores de políticas cuentan con la “ventaja” de que prácticamente no existe controversia en la comunidad experta; esto contrasta con otros ámbitos donde la ciencia puede estar más dividida. Aquí, el consenso permite enfocarse en cómo responder, en lugar de pelear por qué está ocurriendo. Sin embargo, cabe señalar que a pesar del consenso, por años algunos intereses políticos y económicos optaron por ignorar o distorsionar la postura científica para demorar medidas. En la década de 1990 y 2000 especialmente, figuras políticas vinculadas a industrias fósiles fomentaron comisiones “alternativas” o dieron voz desproporcionada a la minoría negacionista para justificar la inacción. Esta estrategia logró enfriar la respuesta política en ciertos países durante bastante tiempo. Pero conforme las evidencias se hicieron innegables, esa táctica perdió fuerza. Hoy incluso los gobiernos más reticentes se cuidan de no contradecir abiertamente al consenso científico en los foros internacionales – hacerlo supondría un costo diplomático y de reputación. Un ejemplo: en las conferencias climáticas de la ONU (COP), ya es raro encontrar algún país negando la ciencia; el consenso del IPCC es prácticamente parte del acervo común. De hecho, todos los países aprobaron la última síntesis del IPCC en 2023, que afirma sin ambages la urgencia de eliminar emisiones de CO₂ para estabilizar el clima energiasinfronteras.orgenergiasinfronteras.org. Así, políticamente “los científicos están de acuerdo” se traduce en que los líderes no tienen un refugio técnico para la inacción. Por supuesto, todavía hay desafíos: algunos políticos dicen “sí, la ciencia dice eso, pero…”, posponiendo decisiones por conveniencia. Pero ya no pueden alegar desconocimiento o incertidumbre. En las narrativas políticas actuales prolifera la frase “debemos escuchar a la ciencia” – dicha por presidentes, ministros e incluso empresas – lo que refleja que el consenso científico se ha vuelto parte del sentido común político (aunque queda exigir coherencia entre decir y hacer). En conclusión, el aplastante acuerdo entre expertos ha servido de cimiento para la cooperación global frente al cambio climático, despojando de legitimidad a la negación y obligando a que el debate político se centre en soluciones. Es un recordatorio de que las políticas más efectivas serán las que se basen en la ciencia, dado que en este tema la ciencia habla claro y al unísono.
Hay esperanza: soluciones y acciones para enfrentar la crisis
Finalmente, “there’s hope” nos recuerda que, a pesar de la gravedad de la situación, aún es posible evitar lo peor del cambio climático y construir un futuro sostenible, si actuamos con decisión. En términos científicos, la esperanza se fundamenta en que las leyes físicas no han sentenciado todavía un destino irreversible más allá de nuestro control. Los últimos modelos climáticos y análisis integrados muestran que limitar el calentamiento global a niveles manejables (cerca de 1.5 °C o 2 °C) aún está técnicamente al alcance, siempre que se realicen reducciones muy rápidas de emisiones en las próximas décadas energiasinfronteras.org. Por ejemplo, el IPCC calcula que para no superar +1.5 °C, debemos reducir las emisiones globales en un 45% para 2030 y llegar a cero neto en 2050 energiasinfronteras.org. Aunque es un desafío enorme, es factible desde el punto de vista tecnológico y económico según numerosos estudios. La ciencia también aporta motivos para la esperanza al evidenciar que cada fracción de grado que logremos evitar importa: no es “todo o nada”; incluso si no logramos 1.5 exacto, pelear por 1.6 o 1.7 °C en vez de 3 °C hace una diferencia colosal en impactos. Además, los científicos destacan ejemplos de éxito ambiental previos que sientan precedentes alentadores, como el caso de la capa de ozono (que se está recuperando tras medidas globales coordinadas en el Protocolo de Montreal). En el frente climático, ya se observan signos positivos: la tasa de crecimiento de emisiones se ha desacelerado respecto a décadas pasadas, la energía renovable crece exponencialmente y algunos países incluso han logrado disociar el crecimiento económico de las emisiones de carbono, demostrando que es posible prosperar mientras se reduce la huella. Tecnologías limpias clave – como la energía solar, eólica, almacenamiento en baterías, vehículos eléctricos – han avanzado más rápido de lo esperado. El costo de la energía solar fotovoltaica, por ejemplo, ha caído en un 82% desde 2010 gracias a las mejoras tecnológicas y economías de escala unfccc.int. Hoy, por primera vez, la energía solar y eólica son más baratas que el carbón, el gas o el petróleo en la mayoría de los lugares, y son las formas más rápidas de instalar nueva capacidad eléctrica peoplesdispatch.org. Esto significa que desde una perspectiva puramente económica, el cambio hacia fuentes limpias tiene sentido, proporcionando una enorme oportunidad para transformar nuestro sistema energético en pocas décadas. La ciencia del clima también investiga soluciones complementarias como la restauración de ecosistemas (bosques que capturan CO₂), la agricultura regenerativa, e incluso técnicas de captura de carbono. Aunque ninguna de estas es una “bala de plata”, en conjunto conforman un menú de opciones que, aplicado con ambición, puede estabilizar el clima. Así, la esperanza científica radica en que ya contamos con el conocimiento y las herramientas para frenar el calentamiento: las próximas décadas pueden ver una revolución energética y de usos de la tierra que evite un colapso climático. En palabras de la asesora climática Chiara Liguori, “el verdadero cambio es posible. Ha habido avances considerables en las energías renovables que pueden reducir enormemente la dependencia global de los combustibles fósiles” amnesty.org. La ciencia nos dice que cada año que actuemos agresivamente reducirá los daños futuros, y que todavía podemos dejar a las siguientes generaciones un planeta habitable – es un mensaje de esperanza condicional, basado en la acción informada por la ciencia.
La dimensión social de la esperanza se manifiesta en la movilización y el cambio de actitudes que estamos viendo en todo el mundo. Lejos de la apatía, hay un creciente movimiento global decidido a enfrentar la crisis climática. Millones de personas, especialmente jóvenes, se han involucrado en activismo climático, desde marchas multitudinarias hasta iniciativas locales de resiliencia. Este despertar ciudadano transmite que la población no está resignada al desastre, sino que exige cambios y participa en ellos. Las encuestas recientes confirman un amplio apoyo público a las soluciones: alrededor del 80% de la gente a nivel mundial quiere más acciones climáticas por parte de sus países climatepromise.undp.org, y una mayoría similar apoya medidas concretas como invertir en energías renovables, proteger bosques o promover la educación climática. Incluso en regiones anteriormente escépticas, la opinión pública se ha volcado a favor de la acción climática en la medida en que experimentan eventos extremos o ven las oportunidades económicas de la transición verde. Un factor esperanzador es la creación de nuevas alianzas y movimientos que trascienden fronteras: desde ciudades que se unen en redes para compartir soluciones (p. ej. el C40 de ciudades contra el cambio climático) hasta acuerdos entre jóvenes activistas y líderes tradicionales, se está generando una voluntad social que presiona a las instituciones. También hay un cambio de narrativa: ya no se trata solo de advertir sobre catástrofes, sino de imaginar y construir un futuro mejor – con aire más limpio, ciudades más verdes, transporte eficiente, empleos verdes, etc. Esto inspira a la gente, demostrando que la lucha contra el cambio climático no es solo evitar algo malo, sino lograr algo bueno. La esperanza, en este sentido, funciona como antídoto frente a la desesperación climática que podría paralizar a la sociedad. En lugar de caer en el derrotismo de “ya es tarde” o “no se puede hacer nada”, más personas abrazan el mensaje de que sí es posible actuar y que cada esfuerzo cuenta. Por supuesto, el eco-optimismo debe ser responsable – no implica negar la gravedad, sino afirmar nuestra capacidad de respuesta. Y esa actitud esperanzadora se ve reflejada en tendencias culturales: aumenta la preferencia de los consumidores por productos sostenibles, los jóvenes eligen carreras “verdes”, las conversaciones en medios incluyen soluciones creativas. La sensación de estar todos juntos en esto – uniendo ciencia, comunidad y ética – da fuerza al movimiento. En suma, socialmente “hay esperanza” se traduce en un cambio de mentalidad desde la resignación hacia la acción colectiva empoderada, lo cual es quizás el ingrediente más indispensable para lograr cambios políticos de gran calado.
En el ámbito político, la esperanza se manifiesta en compromisos y políticas concretas que se están implementando, así como en el reconocimiento de que la transición climática puede ser también una oportunidad. Un hito crucial de esperanza política fue el mencionado Acuerdo de París, donde prácticamente todos los países del mundo acordaron trabajar juntos para limitar el calentamiento – un logro de cooperación internacional sin precedentes en escala es.wikipedia.org. Aunque las promesas iniciales de París no eran suficientes por sí solas, el acuerdo estableció un marco para elevar la ambición con el tiempo. De hecho, desde 2015 muchos países han actualizado sus objetivos haciendo recortes más profundos de emisiones y estableciendo metas de neutralidad de carbono (más de 140 países, responsables de cerca del 90% de las emisiones globales, han anunciado objetivos de cero emisiones netas a mediados de siglo). Estas señales políticas envían mensajes claros a los mercados y a la sociedad: por ejemplo, la Unión Europea legisló su meta de emisiones netas cero en 2050 y un recorte de 55% para 2030; EE. UU. retornó al Acuerdo de París en 2021 y aprobó en 2022 la Ley de Reducción de la Inflación que invierte cientos de miles de millones de dólares en energías limpias; China masivamente expandió su capacidad de energía solar y eólica adelantando su pico de emisiones para antes de 2030, etc. Si bien aún estamos lejos de la trayectoria necesaria, estas acciones políticas señalan que el rumbo está cambiando. Otro aspecto esperanzador es el creciente financiamiento e innovación: los gobiernos y bancos de desarrollo están canalizando más fondos hacia proyectos verdes; acuerdos como el Pacto de Glasgow sobre subvenciones buscan redirigir subsidios de combustibles fósiles hacia energías limpias. También se observa que antiguos opositores se suman a la causa: por ejemplo, grandes empresas automotrices planean eliminar gradualmente los motores de combustión, y naciones altamente dependientes del petróleo (como algunos estados del Golfo) invierten en energía solar y estrategias de diversificación, anticipando el cambio global. Políticamente, la narrativa de la “transición justa” brinda esperanza al enfatizar que se pueden crear empleos y mejorar la calidad de vida al mismo tiempo que reducimos emisiones – de este modo se gana más apoyo de trabajadores y comunidades tradicionalmente temerosas del cambio. Incluso en foros como el G20 o el Consejo de Seguridad de la ONU, antes ajenos al tema climático, hoy se discute activamente cómo acelerar la acción. Es cierto que todavía hay tensiones (por ejemplo, entre países desarrollados y en desarrollo sobre financiamiento, o la reciente reaparición de discursos populistas contrarios a la agenda verde en algunos lugares). Pero en general, la dirección es de avance: cada año se baten récords de instalación de renovables, mejora la eficiencia energética, se desarrollan mejores baterías y se implementan políticas de adaptación local. Un informe de 2023 de la Agencia Internacional de Energía señaló que, si se cumplen todas las políticas anunciadas, la demanda global de combustibles fósiles alcanzaría su pico en los próximos años y luego declinaría, marcando un punto de inflexión histórico. En otras palabras, el cambio de sistema ya inició. La clave ahora es acelerarlo. “Hay esperanza” en política significa que nuestros líderes aún pueden tomar decisiones valientes para torcer el curso de los acontecimientos. Y estamos viendo destellos de esas decisiones, desde la protección de vastas áreas naturales (como el compromiso de proteger el 30% de ecosistemas terrestres y marinos al 2030) hasta acuerdos para reducir emisiones de metano globalmente. Cada una de estas acciones alimenta un círculo virtuoso de esperanza: demuestran que es posible progresar, lo cual a su vez inspira a más actores a sumarse. En síntesis, en la dimensión política la esperanza se refleja en la acción concertada y creciente a distintos niveles de gobierno. Si bien la tarea es titánica, la dirección de viaje correcta – hacia la descarbonización y la resiliencia – ya está marcada, y depende de nosotros acelerar en ese camino aprovechando el conocimiento y las herramientas disponibles.
Conclusión
En conclusión, las cinco frases clave – “es real, es por nosotros, es grave, los científicos coinciden, hay esperanza” – encapsulan el consenso contemporáneo sobre el cambio climático de forma memorable y poderosa. Juntas, cuentan una historia completa: sabemos que el problema existe, sabemos qué lo causa, entendemos sus peligros, tenemos acuerdo científico unánime al respecto, y aun así mantenemos la posibilidad de solucionarlo. Cada frase conecta la ciencia con la acción humana: desde el reconocimiento de la realidad física hasta la responsabilidad moral y las oportunidades de cambio. Entender estas ideas es fundamental para cualquier ciudadano, porque nos arman con claridad frente a la desinformación y nos motivan a apoyar (o exigir) las políticas adecuadas. El consenso científico sobre el clima, lejos de ser un concepto abstracto, se traduce en acuerdos globales, en transformaciones económicas y en esfuerzos comunitarios. El desafío es enorme, pero el mensaje “There’s hope” nos recuerda que el futuro climático depende de lo que hagamos hoy. La ciencia nos ha dado la voz de alarma y también el mapa de ruta; la sociedad y la política deben ahora caminar juntas por ese rumbo. En últimas, estas cinco verdades funcionan como un mantra que resume por qué debemos actuar y cómo podemos lograrlo: el cambio climático es real, somos los protagonistas de su causa y su solución, sus efectos son serios pero comprendidos, contamos con el respaldo del mejor conocimiento disponible, y sobre todo, tenemos la capacidad – técnica, social y política – de evitar lo peor y construir un porvenir mejor y más seguro para todos.
Referencias:
IPCC, Informe de Síntesis del Sexto Informe de Evaluación (2023). energiasinfronteras.orgenergiasinfronteras.org
NASA, Datos de Temperatura Global (2021). yaleclimateconnections.org
Samantha Harrington, Yale Climate Connections – Los científicos están de acuerdo: El cambio climático es real y causado por nosotros (20 de abril de 2023). yaleclimateconnections.orgyaleclimateconnections.org
Energía Sin Fronteras, Resumen del AR6 del IPCC (15 de septiembre de 2021). energiasinfronteras.orgenergiasinfronteras.org
Amnistía Internacional, El calentamiento global superará 1,5 °C sin acciones drásticas, advierte el IPCC (20 de marzo de 2023). amnesty.orgamnesty.org
La Vanguardia, Casi el 15% de los estadounidenses niega la realidad del cambio climático (14 de febrero de 2024). lavanguardia.comlavanguardia.com
Fundación Aquae, 8 evidencias científicas sobre el cambio climático (2021). fundacionaquae.org
UNDP – Climate Promise, Resultados de la mayor encuesta mundial sobre cambio climático (2024). climatepromise.undp.org
Peoples Dispatch, Punto de inflexión: la energía renovable es más barata que los combustibles fósiles (14 de agosto de 2025). peoplesdispatch.orgpeoplesdispatch.org
NASA Ciencia, Las causas del cambio climático (actualizado 2022). ciencia.nasa.govciencia.nasa.gov


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