Chile en el podio del carbono: entre la inacción política y la educación (des)conectada
- Andrés Irarrázaval Domínguez
- 21 jun 2025
- 10 Min. de lectura
Emisiones de CO₂ per cápita en 30 principales economías (datos EDGAR). Chile aparece con ~5 toneladas por persona, encabezando a América Latina voronoiapp.comportalinnova.cl.
Chile y su huella de CO₂ per cápita
Chile se ha encaramado a un incómodo podio: lidera Latinoamérica en emisiones de dióxido de carbono per cápita. En 2023 alcanzó 4,27 toneladas de CO₂ por habitante, la cifra más alta de la región portalinnova.cl. Esto significa que, en promedio, cada chileno emite más CO₂ que cualquier otro latinoamericano, superando incluso a economías mayores como México (3,6) o Brasil (2,2 toneladas per cápita) cr2.cl. En el contexto global, la huella de carbono chilena ronda el promedio mundial, pero duplica la de Brasil y triplica la de Colombia, algo que una experta calificó como "mucho para un país no industrializado”cr2.cl. Chile, con cerca de 5 toneladas per cápita, se codea en este rubro con naciones europeas como el Reino Unido (~6,6) y supera con creces a la mayoría de países en desarrollo cr2.clportalinnova.cl. Irónicamente, nuestro país aporta apenas un 0,25% de las emisiones globales cr2.cl, pero por persona emite más CO₂ que muchos gigantes demográficos. Es la poesía negra del carbono: un país pequeño cantando alto en emisiones.
Esta paradoja —contribución global menor pero huella individual enorme— refleja desequilibrios estructurales. Chile construyó su crecimiento con energía sucia: históricamente el 82% de su matriz primaria dependió de combustibles fósiles cr2.cl. El resultado: en dos décadas (1990-2010) las emisiones per cápita crecieron ~40%, de 3,8 a 5,3 toneladas cr2.cl. Aunque en años recientes la cifra se ha estabilizado e incluso bajado levemente, seguimos estando en la delgada línea que separa al alumno aventajado del rezagado climático. Portar la “medalla de oro” en CO₂ per cápita regional no es un honor, sino una alarma. Cada tonelada extra en esa estadística es una estrofa más en el poema ácido que Chile le escribe al cambio climático.
Compromisos internacionales vs. realidad nacional
Chile ha firmado con entusiasmo los grandes acuerdos climáticos del mundo, pero ¿ha estado a la altura de sus promesas? Sobre el papel, somos campeones de la diplomacia climática: adherimos al Acuerdo de París, actualizamos nuestra Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) con metas más estrictas, e incluso promulgamos una Ley Marco de Cambio Climático (2022) que establece la carbono-neutralidad al 2050 como obligación legal climateactiontracker.org. Fuimos el primer país de América Latina en presentar una estrategia climática de largo plazo ante la ONU climateactiontracker.org. Nos comprometimos a peakar nuestras emisiones al 2025 y reducirlas a un máximo de 95 MtCO₂e en 2030, con sector energía 80% renovable para 2030 climateactiontracker.org. Sobre el escenario internacional, Chile gusta de mostrarse ejemplar y “verde”.
Sin embargo, al contrastar las promesas con los hechos, la bruma del discurso se dispersa. Climate Action Tracker, observador independiente, califica las políticas y metas de Chile como “insuficientes”, señalando que necesitan mejoras sustanciales para alinearse con la meta de 1,5 °C del Acuerdo de París climateactiontracker.org. En buen chileno: no estamos haciendo lo suficiente. Si todos los países actuaran como Chile, el planeta se calentaría cerca de 2 °C climateactiontracker.org. Aunque el marco legal existe y las metas se anuncian con bombos y platillos, la implementación real se queda corta. Por ejemplo, se planificó cerrar todas las centrales a carbón a 2040, y ahora se baraja adelantar a 2030 climateactiontracker.org. Pero al mismo tiempo, algunas plantas nuevas “se reconvierten” a gas natural, alargando la dependencia fósil y creando riesgo de encerrarnos en carbono (carbon lock-in) con infraestructura que podría quedar obsoleta climateactiontracker.org. En transporte, anunciamos que no venderemos autos nuevos a gasolina desde 2035 climateactiontracker.org, una medida audaz en el papel. La pregunta es si esas fechas y objetivos se traducirán en acciones concretas y sostenidas, o si quedarán como tinta simpática que se borra con el tiempo.
En los rankings globales, Chile aparece a mitad de tabla en emisiones totales (puesto 47 en 2021) emission-index.com, muy lejos de los gigantes emisores. No somos China ni Estados Unidos en volumen absoluto, pero en emisiones per cápita competimos con economías desarrolladas portalinnova.cl. Y en la liga de los discursos, jugamos de campeones: nos sumamos a alianzas internacionales, abogamos por la justicia climática y hasta presidimos (aunque accidentadamente) la COP25. Pero el clima no se enfría con discursos. De poco sirve ser “líder” en las negociaciones si en casa seguimos respirando smog y exportando concentrado de cobre a costa de quemar diesel. La brecha entre el Chile que firma acuerdos y el Chile que implementa acciones sigue siendo amplia. Esa disonancia es, en sí misma, otra forma de contaminación: un exceso de retórica y una escasez de realidad.
Falta de acción política estructural
¿Por qué un país consciente de su vulnerabilidad climática (sequías históricas, desertificación acelerada, glaciares en retirada) no ha emprendido cambios más radicales? La respuesta duele: nos ha faltado acción política estructural y visión de largo plazo. Hemos tenido avances puntuales, sí –un impuesto al carbono tímido, retiro progresivo de carbón, impulso a la solar y eólica–, pero no una transformación profunda. La política climática chilena padece de miopía y cortoplacismo: gobiernos que celebran reducciones marginales mientras aprueban nuevos proyectos extractivos; planes climáticos llenos de buenas intenciones pero vacíos de indicadores medibles ciperchile.cl; instituciones públicas que delegan la planificación climática en consultoras externas por falta de recursos y capacidades internas ciperchile.cl. Los expertos ya advirtieron que así se perpetúa un ciclo de políticas “bien intencionadas” pero sin impacto real ciperchile.cl. En palabras simples, mucho formulario y poca carne.
El problema es estructural y sistémico. Cada sector económico opera aislado, haciendo su propio plan climático sin coordinarse con los demás ciperchile.cl. Energía, transporte, minería, agricultura: cada uno con metas desconectadas, cuando el desafío es transversal. Falta un órdago político que alinee a todos hacia la descarbonización. Hoy, cada ministerio cuida su metro cuadrado y así es imposible rehacer el puzzle completo. Además, los plazos apremiantes llevan a apresurar estrategias simplemente para cumplir, en lugar de cocinarlas a fuego lento con participación ciudadana y base científica sólida ciperchile.cl. Se presentan planes climáticos sin indicadores claros ni financiamiento detallado, esperando quizás que la buena voluntad los implemente por arte de magia. Pero la física no negocia: sin cambios estructurales, las emisiones no caerán por decreto.
Entre los pasos estructurales ausentes podemos señalar: la falta de una transición energética justa (¿qué pasará con los trabajadores del carbón al cerrar las centrales?); la tímida reforma del modelo de desarrollo (seguimos apostando a industrias intensivas en carbono, desde la minería a la agroexportación); la débil fiscalización ambiental (zonas de sacrificio que continúan envenenando comunidades); y una educación climática que brilla por su ausencia en el currículo nacional. Todo esto configura una tormenta perfecta de inacción enmascarada de progreso. Los sucesivos gobiernos han preferido parches antes que cambios de fondo. Se aplaude la inauguración de un parque eólico, pero no se discute el sobreconsumo energético de fondo; se subsidian autos eléctricos, pero no se invierte suficiente en transporte público masivo y limpio; se anuncian metas de reforestación, pero se permite la expansión de monocultivos forestales que empobrecen suelos. Así, la política pública parece un collage de intenciones dispares más que un plan maestro coherente. Falta poesía política con rima y métrica: es decir, visión integral y acción consistente.
Chile y el carbono: En 2014 ya se advertía que Chile "es uno de los países que menos contribuye al total global (0,26%), pero por habitante su aporte es de los más altos de la región"cr2.cl. “Estamos a la altura de Argentina y duplicamos a Brasil... Es mucho para un país no industrializado”, alertaba la climatóloga Laura Farías cr2.cl. Años después, esas palabras resuenan como un presagio incómodo. La inacción estructural es un lujo que no podemos seguir dándonos.
Educación climática: conectando conciencias para el cambio
Si la política camina lento, la educación puede acelerar el paso. Aquí es donde entra la esperanza en forma de conciencia y pensamiento sistémico. ¿Cómo logramos que las próximas generaciones no repitan los errores de las anteriores? Educando de manera diferente, provocando un click en la forma en que entendemos nuestro vínculo con el planeta. La educación ambiental tradicional, a veces reducida a plantar arbolitos el “Día de la Tierra”, ya no basta. Necesitamos educación transformadora, esa que siembre incomodidad creativa y pensamiento crítico.
Un ejemplo inspirador es “Conectado”, un juego de simulación chileno diseñado precisamente para enseñar sostenibilidad global de forma interactiva. En Conectado, los estudiantes toman decisiones reales sobre energía, economía y clima, y luego enfrentan las consecuencias de sus actos en un mundo simulado. A través de estas decisiones estratégicas, experimentan de primera mano cómo sus acciones influyen en la economía y en el sistema climático mundial. Esta herramienta educativa, provocadora y lúdica a la vez, fomenta el pensamiento sistémico al conectar las piezas del rompecabezas: quema más carbón para crecer económicamente en el corto plazo y verás el costo en calentamiento global; invierte en energías renovables y observa cómo repercute en la salud pública, el empleo y los compromisos climáticos. Cada partida es una lección en complejidad: no hay soluciones simples para problemas complejos, pero sí hay decisiones informadas versus decisiones ciegas.
Los beneficios de enfoques educativos innovadores como Conectado son tangibles:
Conciencia informada: El jugador visualiza las consecuencias de políticas y hábitos, pasando de la abstracción de “emisiones” a la realidad concreta de sus efectos. Esto ayuda a interiorizar que el cambio climático no es un cuento distante, sino un sistema de causas y efectos en el que estamos inmersos.
Pensamiento sistémico: En lugar de ver el problema ambiental de forma aislada, Conectado obliga a pensar en interconexiones – cómo la decisión en un sector impacta a otros. Como señala una educadora, “solo el pensamiento sistémico nos permitirá encontrar soluciones reales... y evitar los arreglos rápidos con consecuencias no intencionadas”rutamaestra.santillana.com.co. Este juego entrena justamente esa mirada holística.
Empoderamiento y acción informada: Al simular ser tomadores de decisiones, jóvenes y docentes ganan confianza para opinar y actuar en el mundo real. Comprenden mejor las políticas públicas necesarias y pueden exigir con fundamento. La educación se convierte en empoderamiento: “La educación tiene un efecto de palanca para cambiar el rumbo. Si educamos en sostenibilidad y pensamiento sistémico, podemos promover un cambio real en las generaciones que moverán el mundo”rutamaestra.santillana.com.co. Es decir, formamos ciudadanos capaces de cortar la inercia y acelerar la acción climática desde distintas trincheras (escuela, comunidad, empresa o gobierno).
En un país donde abundan diagnósticos pero faltan decisiones audaces, apostar por la educación climática es en sí un acto disruptivo. Fomentar el pensamiento crítico y sistémico en los jóvenes significa que las futuras autoridades, empresarias y votantes de Chile llegarán con los ojos bien abiertos frente a la crisis climática. Herramientas como Conectado demuestran que es posible aprender jugando y al mismo tiempo abrir la mente a la complejidad del mundo real. Cada estudiante que entiende la relación entre un kilowatt-hora y una gota de agua en un glaciar, entre un taxímetro y una partícula de CO₂, es un triunfo de la conciencia sobre la apatía.
Del aula a la acción: un llamado provocador
Chile enfrenta un dilema generacional. Por un lado, seguimos atascados en disputas cortoplacistas, en una política que a veces parece más preocupada de la próxima elección que de la próxima generación. Por otro lado, se gesta un despertar en las aulas, talleres y espacios colaborativos donde jóvenes (y no tan jóvenes) se atreven a pensar distinto. La pregunta es si seremos capaces de conectar ambos mundos a tiempo.
La urgencia climática exige tanto políticas públicas valientes como una ciudadanía informada y comprometida. No podemos conformarnos con bajar un par de décimas en las emisiones si a la vez educamos analfabetos climáticos. Tampoco sirve inundar de datos a las escuelas si los tomadores de decisión los ignoran sistemáticamente. Necesitamos un pacto intergeneracional: que la experiencia y responsabilidad de quienes gobiernan hoy se nutra de la visión fresca y radical de quienes heredarán el mañana.
En este espíritu, propongo tres claves para cambiar el rumbo:
Educación con propósito climático: Integrar el cambio climático y el pensamiento sistémico en el currículo formal y en iniciativas extracurriculares. Desde ciencia hasta economía y ética, el enfoque debe ser multidisciplinario. Expandir el uso de simulaciones y juegos educativos como Conectado para formar no solo conocimientos, sino empatía y capacidad de anticipación.
Políticas públicas audaces y coherentes: Pasar de las promesas a la acción estructural. Esto implica eliminar gradualmente subsidios a combustibles fósiles, acelerar la transición energética justa (apoyo laboral a sectores afectados), invertir en transporte público electrificado y infraestructura resiliente, y fortalecer la legislación ambiental para que no haya zonas de sacrificio aceptables. La Ley Marco debe cumplirse con metas vinculantes y fiscalización independienteciperchile.cl.
Colaboración multisectorial y ciudadanía activa: La crisis climática no la resolverá un ministerio en solitario. Se requiere un ensemble donde gobierno, empresas, academia y sociedad civil trabajen de la mano. Facilitar la participación ciudadana real (no solo simbólica) en los planes climáticos, con transparencia de datos y rendición de cuentas, para que la gente pueda monitorear y empujar el cambiociperchile.cl. Una ciudadanía formada e informada no se traga cuentos, exige resultados. Y unas autoridades con respaldo social se atreven a ir más allá del cálculo político de turno.
Al final del día, este es un llamado a la coherencia y la esperanza activa. Coherencia para alinear lo que decimos en los escenarios internacionales con lo que hacemos en nuestras ciudades y campos. Esperanza activa para creer que podemos romper el guion fatalista. Chile no está condenado a ser poeta del carbono en un planeta febril; puede ser laboratorio de soluciones y faro de educación climática. Pero para eso, hay que conectar lo que hoy está desconectado: conectar la ciencia con la política, la política con la educación, y la educación con la acción.
La poesía provocadora de este texto busca incomodar lo suficiente como para mover voluntades. Que nos duela un poco el orgullo al sabernos campeones per cápita de CO₂, que nos moleste la inacción de nuestros líderes, que nos urja llevar la conversación climática a cada sala de clases y reunión de comité. Solo así convertiremos la estadística fría en cambio caliente: cambio social, cultural y tecnológico hacia un Chile realmente sustentable. Como dice el lema de Conectado, “jugamos en serio”. Juguemos en serio, entonces, con el futuro del planeta. Que del juego nazca la lucidez — y de la lucidez, la acción. Porque el reloj climático avanza, implacable, y cada verso de inacción que escribimos hoy será un capítulo amargo en la historia de mañana. Es hora de reescribir esa historia con las manos, la mente y el corazón bien conectados.
Fuentes: Chile – Emisiones de CO₂ per cápita y ranking latinoamericanoportalinnova.cl; Aumento histórico de emisiones y comparación regionalcr2.clcr2.cl; Ley Marco de Cambio Climático y compromisos de carbono neutralidadclimateactiontracker.org; Evaluación internacional de Climate Action Tracker (2022)climateactiontracker.org; Crítica a la política climática chilena (CIPER, 2025)ciperchile.clciperchile.cl; Juego de simulación Conectado y educación en pensamiento sistémicorutamaestra.santillana.com.co.



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